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  1. Ella era preciosa, sabía que le dolía mirarla, pero no podía evitarlo. Y cada vez que la miraba, recordaba como lo había rechazado.

    Aquella vez, él se había armado de valor y la había besado de verdad. Si, de verdad, no como aquella vez en el comedor, ésta vez era distinto, la había cogido desprevenida en uno de los pasillos, nadie pasaba por allí, estaban solos... Agarrándola por la cintura impidiendo que se escapase, la había mirado a los ojos como tantas otras veces y la había besado con todo su corazón. En ese momento, nada había que temer, estaba decidido.

    Contrariamente a lo que había pensado, Vilma no detuvo el beso, sino que lo hizo más intenso, más profundo, acariciando su pelo mientras lo besaba.

    De pronto, Vilma se separó bruscamente, posando sus manos sobre el pecho de él, intentando detenerlo. Palomares depositó sus manos sobre las de ella.

    “Esto no puede ser... es imposible... yo... no siento lo mismo por ti” dijo ella mirándolo a los ojos.

    “Lo siento...” murmuró Vilma, casi inaudible, antes de separar sus manos de las de él, y salir de ese pasillo, dejando su corazón completamente roto.

    El tiempo pasó y Vilma comenzó a salir con Piti.

    Verla con su mejor amigo, día tras día, lo mataba lentamente.

    Sabía que en su condición de cura no podía ofrecerle más que su cariño y su ayuda como persona, pero él no sólo quería eso, él la deseaba, la amaba, la quería a ella.

    Y aunque sufría al verla con Piti, ella merecía ser feliz, y en el fondo de su corazón sabía que con él nunca podría llegar a serlo.

    Pero aún así, el seguía regalándole detalles, seguía mandándole pajaritas.... porque ella volvía a sonreír y a él, simplemente, le gustaba verla sonreír.

    Esa mañana se había despertado preocupado, bueno, no sólo esa mañana, últimamente había teniendo demasiadas pesadillas, se despertaba llorando sin recordar lo que había soñado. Y ese dolor lo acompañaba durante todo el día, como si supiese que algo malo iba a suceder.

    Intentando quitarle importancia, agarró su toalla y su neceser y se dirigió a las duchas.
    Pero cuando llegó allí pudo ver que ella se había adelantado. Siempre llegaba más tarde que él, como si le diese el tiempo justo para depositar la pajarita en su taquilla.

    Vilma estaba abriendo su taquilla, esa mañana no recibiría su pajarita.

    Palomares vio como algo caía al suelo y Vilma lo recogía rápidamente, era una pajarita.

    Todas las mañanas Vilma recibía una pajarita de Palomares, a pesar de lo que le había dicho, él no había dejado de enviárselas. Sin embargo, algo había cambiado esa mañana, la pajarita no tenía los bordes amarillos, eran rojos.

    La pajarita no ponía lo mismo que las demás, estaba escrita con distinta letra y en ella se podía leer: QUIÉREME, POR FAVOR.

    La pajarita no era de Palomares, no podía ser suya, él nunca le habría escrito algo así.

    - Buenos días preciosa!! ¿Cómo se han despertado hoy mis dos amores? – le saludó Piti con un beso en los labios y otro en la barriga. – ¿Te gusta? La he hecho yo, bueno, Ainhoa me enseñó, sabes que es experta en papiroflexia? Menudas flores que hace!

    Vilma todavía sostenía en la mano la pajarita de Piti – ¿Es tuya?

    - Si, si! Ya sé cuánto te gustan, a partir de ahora te regalaré una todos los días.

    Vilma guardó la pajarita en su taquilla, dándole las gracias a Piti se sentó un minuto en el banco.

    - ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas algo? – preguntó Piti preocupado.

    Palomares se dirigió a su taquillas, pasando por delante de ellos pero sin mirarlos, se desvistió lentamente sin decir nada y se metió a las duchas.

    - Estoy bien Piti, en serio, estamos bien – dijo Vilma intentando sonreír.

    “QUIÉREME, POR FAVOR” ... Piti le estaba suplicando que lo quisiese, mientras que Palomares se preocupaba por verla sonreír, eran ruegos distintos, papeles distintos y personas distintas.

    - ¿Nos vamos? – le preguntó Piti ofreciéndole la mano.

    - Si, vamos – le respondió agarrándola.

    Una vez los vio alejarse, Palomares salió de las duchas, envuelto en la toalla, ¿Por qué había llegado tarde esa mañana? ¿Por qué? Piti había asegurado que a partir de ese día todos los siguientes, Vilma recibiría una pajarita suya.

    Palomares sabía que algún día llegaría ese momento, el momento en que Vilma ya no lo necesitase, el momento en que fuese Piti quién consiguiese hacerla sonreír.

    Terminó de vestirse y sacó la pajarita que tenía en el bolsillo: “TE QUIERO”.
    Le había escrito TE QUIERO, no podía creerlo, es como si hubiese sabido que nunca llegaría a dársela.

    Guardando la pajarita de nuevo en el bolsillo salió de los baños, si se apuraba, todavía podía llegar al desayuno.

    Piti y Vilma se habían sentado con Ramiro y Estela, estaba charlando animadamente. Palomares pasó de largo dirigiéndose a la mesa en la que estaban Ainhoa y Valeria, esa mañana no soportaría compartir la mesa con ellos.

    - ¿Me puedo sentar con vosotras? – les preguntó señalando el banco.

    - Eso ni se pregunta Palomares, desayuna con nosotras. – le respondió Ainhoa con una sonrisa.

    - ¿Hoy no desayunas con tus amigos? – preguntó curiosa Valeria.

    En ese momento, Vilma se giró como un resorte para oír la respuesta del chico.

    - Hoy no, hoy voy a desayunar con la chica más guapa del barco – le respondió Palomares guiñándole un ojo.

    Valeria rió divertida, arrancándole una sonrisa a todos los presentes. Ver reír a un niño era una de las cosas más hermosas de la vida.

    Vilma se preguntó si cuando naciese su bebé, Palomares lo trataría igual que hacía con Valeria.

    - Quiero el avión Palomares!! – dijo la pequeña, deslizándose de su banco y corriendo hacia el chico haciendo pucheros.

    - Ahora no Valeria, acabas de comer y ya sabes que no es bueno dar vueltas después de haber desayunado.

    - Más tarde ¿si?

    - Si, más tarde si. – dijo Palomares levantando a la niña y sentándola sobre sus rodillas. – ¿No comes más?

    Valeria negó con la cabeza - ¿Sabes que? Cuando sea mayor me casaré contigo!

    - ¡Valeria! – dijo Ainhoa alucinada.

    - No creo que eso sea posible Valeria, los curas no nos casamos.

    - Pues deja de serlo – dijo convencida Valeria.

    - Valeria, ya está bien! Deja tranquilo a Palomares!! Ven aquí anda!

    - No pasa Ainhoa, en serio.

    - Voy a preguntarle a Burbuja si él si se quiere casar conmigo – dijo la niña despidiéndose de Ainhoa y Palomares con un beso.

    - Qué rápido me ha cambiado por otro! – rió el chico.

    - Es una niña...

    - Dicen que los niños nunca mienten. – o eso decía su abuela.

    - Si, eso dicen... – dijo Ainhoa revolviendo la comida con el tenedor, sin probar bocado.

    - ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras bien?

    - Si, no... es que, bueno, últimamente no estoy durmiendo bien.

    - Pues ya somos dos, ¿sabes algún remedio?

    - ¿Ser feliz? – demasiado tarde, ya lo había dicho, vale, ¿a que venía decir eso ahora? ¿Estaba loca? – Lo siento, yo... me tengo que ir... luego te veo.

    ¿Ser feliz? ¿Ser feliz? Él no podía ser feliz, tenía el corazón roto en mil pedazos.

    Giró sobre si mismo, observando la mesa de los chicos, como desayunaban, reían y se divertían. Se levantó sin hacer mucho ruido para no llamar la atención y abandonó el comedor sabiendo que algún día él tendría que olvidarla para poder ser feliz, aunque eso lo destrozase.

    Saliendo del comedor, se topó con Gamboa:

    - Padre, mire usted por donde va.

    - Lo siento, profesor, lo siento, no le vi. – dijo Palomares prosiguiendo su camino.

    Vilma lo vio alejarse mientras comía, sabía que no había querido sentarse con ellos por lo ocurrido en las duchas, sabía que él sufría al verla con Piti, pero también sabía que ella no lo merecía y jamás podría hacerlo feliz.

    - Creo que voy a subir un rato a cubierta, a tomar un poco de aire fresco. – se disculpó Vilma – A estas horas no suele haber nadie, voy a aprovechar.

    - ¿Quieres que te acompañe? – le preguntó Piti.

    - No, no. Vuelvo en nada, no te preocupes.

    Tenía tantas cosas en la cabeza que tomar un poco el aire no le vendría nada mal, quizás consiguiese despejarse un poco.

    La verdad es que el día no acompañaba mucho, las nubes impedían que el sol saliese del todo.

    Se puso a otear el horizonte... mar.... sólo se veía mar, mirase donde mirase el ancho mar la rodeaba, saber que ese barco sería lo único que vería de tierra en un largo tiempo le oprimía el corazón. Era como una lata de sardinas, convivir con personas a las que no conocía pero que ya se habían convertido en su familia, sabía que había más gente, pero no su gente, su familia y las de ellos habían muerto, y ahora ya no quedaba nada sólo mar, simplemente mar.

    Se encontraba agarrada a la barandilla cuando la puerta se abrió y Gamboa salió a cubierta.

    - Buenos días, señorita Llorente.

    - Buenos días profesor. – saludó Vilma, mirando nuevamente el horizonte.

    - ¿Sabe que es lo que pienso? – dijo Gamboa acercándose a ella.

    Vilma se lo quedó mirando, ¿que coño le pasaba a este tío ahora?

    - Creo que va siendo hora de pasar a la acción, después de tanto tiempo esperando... un barco, una embarazada, pocos alimentos... me sigue Señorita Llorente?

    Vilma se giró asustada, ¿acaso pensaba matarla? Gamboa era en verdad ¿un asesino? Intentó moverse más deprisa pero él le impidió el paso.

    - No corra Vilma, ¿A dónde cree que va? – susurró Gamboa al oído de la chica - ¿Sabe como va a acabar, no se resista, es tontería!

    - Déjame en paz idiota, quieres matarme, antes te mato yo! – dijo Vilma golpeándolo en la cara con su puño.

    - Tranquila!! – dijo Gamboa, agarrándola por los brazos y girándola sobre si, quedando la espalda de Vilma contra su pecho – Te voy a matar, lo que no quiere decir, que no lo podamos pasar bien antes.

    Una lágrima descendió por el rostro de Vilma, Gamboa tenía sus brazos agarrados con fuerza impidiendo que se moviese, mientras sus piernas permanecían pegadas a la barandilla imposibilitando sus movimientos. Estaba llorando de impotencia, le había dicho a Piti que subiría un segundo y que quería estar sola, por lo que no vendría a buscarla, los demás estaban con él, nadie más sabía que estaba en cubierta. Él no lo sabía, pensar que no volvería a verlo la hizo llorar con mucha más fuerza, pensar que su hijo moriría con ella la hizo estremecer, ella quería un futuro para su hijo y ahora ya no lo tendría.

    Gamboa recorría el cuello de Vilma con besos desesperados, mientras ella no podía evitar pensar en él, pensar en él mientras Gamboa la besaba, mientras la humillaba, mientras la amenazaba, porque cuando ya no le quedaba nada, ella pensaba en él, Vilma pensaba en Andrés.

    Pensar en él le daba fuerzas, porque él la quería a pesar de todo, porque seguía mandándole pajaritas a pesar de lo que le había dicho, porque él seguía preocupándose por ella aunque estuviese con Piti.

    ¿Porqué Dios le hacía esto? Ya les había separado, ahora la quería muerta.

    Las lágrimas seguían cayendo por su rostro cumpliendo la ley de la gravedad y ella se resistía con toda la fuerza que de la que era capaz.

    - ¿Qué pasa Vilma, no le gustan mis besos? ¿Va a decirme que Gironés besa mejor que yo? – dijo Gamboa agarrando con la mano izquierda las dos manos de Vilma, mientras que su mano derecha levantaba la camiseta de la chica para poder tocar sus pechos.

    - Ayúdame, por favor. – dijo Vilma en voz alta sin darse apenas cuenta.

    - ¿A quién le habla Vilma? ¿Acaso piensa que “Piti” va a venir a salvarla? ¿Si?

    - Él no, pero yo si, hijo de puta!!

    Vilma pudo ver como Palomares se abalanzaba sobre Gamboa, rodando ambos por el suelo.

    Era como un baile, un mal baile.

    Sin embargo, Gamboa consiguió levantarse y agarrando un cuchillo se lo colocó a Vilma en el cuello.

    - Maldita sea Padre, tenía que aparecerse! ¿No le explicaron lo de la otra mejilla?
    Señorita Llorente, debería estar orgullosa, es increíble hasta donde puede llegar un cura por usted.

    - Déjela Gamboa, por favor, suéltela – le suplicó el chico, mientras una lágrima caía por su mejilla.

    - Suéltame hijo de puta! Déjanos en paz!! – dijo Vilma soltando todo el odio que sentía.

    - Acaso piensan que soy idiota, si los dejo, no tardarán en contárselo todo al capitán y al imbécil del alcalde. Súbase a la barandilla Padre, o le clavo el cuchillo a la chica, usted decide.

    - Lo siento Vilma – Palomares sin darles la espalda, se dirigió a la barandilla, estaba decidido.

    Se iba a tirar por ella, pero... que idiota, ¿que pasaría en el momento en que él se tirase? La dejaría sola, se volvería a quedar sola con Gamboa.

    Palomares se detuvo mirándola, si algo salía mal, esa sería la última vez que la vería.

    Le guiñaría un ojo, esperando que ella lo entendiese, tenía que hacerse a un lado rápidamente, si, ella captaría el mensaje.

    - ¿Sabes que Gamboa? En casos como este, nunca estará bien poner la otra mejilla. – dijo el chico guiñándole un ojo a Vilma.

    Todo sucedió tan de repente, Vilma se apresuró a morder la mano de su captor, alejándose mientras él se quejaba de dolor. Fue en ese momento preciso en el cuál Palomares se abalanzó para robarle el cuchillo.

    Forcejeaban, intentando conseguir el cuchillo para si.

    - Ve a buscar ayuda!! – gritó Palomares.

    - No pienso dejarte aquí solo!! – respondió la chica, buscando algo con lo que pudiese darle a Gamboa.

    Fue tan sólo un segundo, sólo en un segundo, Gamboa sostenía por fin el cuchillo y se disponía a clavárselo al chico, mas no lo consiguió... Vilma pudo ver como las manos de Palomares se aferraban a la mano que sostenía el cuchillo y ésta se clavaba con fuerza en el cuello del profesor.
    Sólo se veía sangre.

    Pasaron, dos o tres minutos, quizá más, Palomares había arrojado con fuerza el cuchillo al suelo, como si le quemase en las manos. Se arrodillo y puso su mano en su boca, intentando no gritar.

    - Está muerto... está muerto... lo he matado, he matado a un hombre... No matarás, no matarás!!! – susurraba Palomares balanceándose hacia delante y hacia atrás como si de un loco se tratase.

    - Andrés, por favor. Por favor, mírame, mírame!!! – Palomares alzó su cabeza lentamente. – No fue tu culpa, ¿me has oído? No lo fue!!

    - Tengo las manos manchadas de sangre, ¿entiendes? Estoy manchado de sangre!

    Vilma lo abrazó como si nada más existiese ya en el mundo, como si él fuera lo único que quedaba en pie, como si supiera que si no lo hacía, se fuese a romper.

    - Andrés, tranquilo... tranquilo. – La chica intentaba que él volviese con ella, que su mente volviese con ella, le dolía verlo así, tan vulnerable...

    Se oyó un ruido.


    Estela y Ramiro estaban en cubierta

    Ramiro corrió hacia ellos, comprendiendo rápidamente lo que había pasado. - ¿Qué habéis hecho?!! Asesinos!!! – Vio sus manos, la manos de Palomares estaban llenas de sangre – Fuiste tú!! – dijo Ramiro llevándose las manos a la cabeza.

    No hemos hecho nada!! Él se lo buscó, toda la culpa la tiene él, Gamboa iba a matarnos, fue en defensa propia!! – gritaba furiosa Vilma.

    - Oh por Dios, no me hagas reír!! No te excuses Vilma, lo habéis matado y ésta vez hay cadáver, nadie os salvará de la horca. – Rió Ramiro descaradamente.
    - ¡Que dices Ramiro! Por favor, la horca no!! Otro juicio no!! – chilló Estela tratando de devolverle la cordura a su pareja.

    - Déjame en paz Estela!! Me voy a por el capitán, vigílalos!! – Ramiro señaló a los dos chicos, Palomares seguía arrodillado y Vilma continuaba aferrada a él.

    - Chicos, váyanse de aquí!! Huyan!!

    - Estela, no vamos a escapar, no tenemos lugar al que ir, todo lo que tengo está aquí en este barco. – dijo Vilma agarrándole la mano a Andrés.

    - ¿Por qué lo has hecho Palomares? ¿Por qué? – preguntó Estela intentando no mirar el cuerpo sin vida de Gamboa.

    - Por ella, lo hice por ella… - le respondió Andrés, apretando con fuerza la mano de Vilma.

    Ramiro llegaba con el capitán y con tres marineros más.

    Piti, llegó corriendo detrás.

    - Capitán, no lo haga por favor, ella no tiene nada que ver, él fue quien lo mató, no Vilma!!

    - No sabemos lo que ha pasado y no podemos asegurar nada lo siento, llegaremos al fondo de todo esto, llévenlos abajo.

    - No! por favor capitán, Vilma está embarazada. – chilló Piti.

    - Lo siento hijo, es La Ley del Mar. – le respondió el capitán.

    Dos de los marineros agarraron a Palomares, conduciéndolo hacia la puerta.

    Ramiro lo estaba esperando en la puerta… y al pasar por delante de él, lanzó un escupitajo al suelo.

    - Hijo de puta!! Que Dios y La Ley del Mar te castiguen por lo que has hecho!! Asesino!!

    Palomares no dijo nada, ni siquiera lo miró, ya se odiaba lo suficiente a sí mismo como para fijarse en cómo los demás se sentían.

    Ella tampoco dijo nada, le dolía todo, si cerraba los ojos, todavía podía sentir las manos de Gamboa recorrer su cuerpo y sus labios besar su cuello, hijo de la gran puta, ojalá estuviese en el infierno, si ese lugar en realidad existía merecía estar allí.

    Oía a Piti gritar en la lejanía su nombre, sabía que tarde o temprano tendría que hablar con él, tendría que explicarle como habían llegado a esos extremos. Pero todo carecía de importancia, porque lo único realmente importante para ella era Andrés, solo él.

  2. El valor de lo que callo

    viernes, 13 de mayo de 2011

    "Nunca vas a llegar a leer esta carta, cuento con ello, por eso la escribo.
    Ya que me puse a ello debería escribirle a él, pero es más fácil si lo hago así, al menos para mí, es una chorrada ya que ninguno de los dos vais a leer esto, pero bueno...yo estoy más cómoda así; es que no puedo reconocerlo ante él, no puedo, aunque sea en un papel que nunca llegará a caer en sus manos...ni siquiera se porqué me justifico, solo yo voy a saber lo que pone aquí.

    Mañana nos vamos a vivir juntos, tú y yo, aunque no sé yo si lo de "vivir juntos" es un término acertado, en este barco ya vivimos todos juntos, así que seguramente sea más correcto decir que nos vamos a compartir un camarote; el caso es que nos confirmamos como pareja, como familia, por muy difícil que pareciese, por muchas broncas que hayamos tenido, que los dos sabemos que no han sido pocas, por mucho que al principio pareciese la idea más descabellada del mundo. Tú y yo juntos, tú, yo y este una vez que esté con nosotros.
    Debería estar contenta, emocionada, dar saltos o algo por el estilo, lo sé, pero estoy lejos de eso, ahora mismo me parezco más a Noa acarreando su maleta de un lado a otro por no estar dispuesta a reconocer que cometía un error que a alguien enamorado y feliz; pero yo no soy Ainhoa, no voy a reconocerlo pero al menos sé disimularlo.
    No me entiendas mal, te quiero mucho, muchísimo; el pequeño, diminuto e irrelevante problema es que no estoy enamorada de ti, y ojalá lo estuviese, ojalá. Intenté convencerme, de hecho me lo empecé a creer durante un tiempo, pero no es verdad. Odio que me mientan, me hace sentirme traicionada y ahora estoy a punto de basar toda mi vida en una mentira, pero no tengo otra opción, por mucho que me repatee y me de asco a mi misma, es lo que tengo que hacer.
    Debería ser sincera, contigo, con él, conmigo misma para empezar; pero ¿cómo paro esto? ¿Cómo doy marcha atrás? Te besé, te dije que sí, que te quería, y todo lo hice por miedo. Pensé que morirías allí, en mis narices, agarrado a mi, y eso casi consigue matarme a mi. Ahora estás vivo y recuperado, y nada en mi vida me hizo tan feliz, de verdad; pero cada vez que me mira, cada vez que veo sin querer una de esas pajaritas que tengo bien escondidas me deshago. Me deshago como se deshizo la última que me encontré en mis manos, rota en trocitos en un intento de olvidarlo todo, pensé romperlas todas, pero una vez que rompí la primera tardé algo así como dos segundos en lanzarme a por celo para volver a pegarla. El amor no se puede arrancar; puedes cerrar los ojos ante la evidencia, tratar de ignorarlo y disimularlo, pero nada de eso impide que siga ahí, y duele...joder si duele.

    ¿Sabes? Ya que me estoy confesando (incluso esa palabra parece reírse de mi ahora mismo) voy a confesártelo todo. No ha habido solo un beso, fueron dos. Y si el primero no voy a poder olvidarlo el segundo se ha quedado en mi grabado a fuego. La noche de la fiesta, de la estúpida fiesta, después de que los dos fuésemos a verte e insistiésemos en que fuésemos y nos divirtiésemos pasó algo antes de que volviésemos a la enfermería, algo que tú no sabes.
    Salía del camarote con Estela cuando apareció él, estaba guapísimo, pantalón, camisa y chaqueta todo de negro (esto te sobraría, pero como no lo vas a leer tanto me da), me dijo lo preciosa que estaba y me miró como si no tuviese ojos más que para mi, se quedó sin habla durante un momento antes de decírmelo y todo; créeme era difícil porque al lado tenía a Estela enfundada en uno de sus vestidos que a cualquier otra la harían parecer una morcilla y con un escote imposible y yo simplemente llevaba un vestido negro y plateado, ata al cuello y me queda por encima de la rodilla, el vestido no es feo e iba arreglada pero con el embarazo no es que me sienta una Barbie precisamente; pero entonces él me miró y fue como si todo temblase, el estómago me dio un vuelco, entendí lo que es tener realmente mil mariposas en él y por primera vez en mi vida me sentí princesa, no había nadie más en el pasillo, solo él y yo, me miraba como si resplandeciese y yo me sentía echar chispas.
    Me dijo si quería que fuésemos a verte, que te merecías verme así, que aquello seguro te sacaba una sonrisa, pero a mi en aquel momento solo me importaba la suya; me puse como un tomate y le dije que era mejor dejarte descansar, que ya iríamos a verte más tarde y reuniendo más valor del que me había hecho falta en mi vida me cogí de su mano.
    Temblé, no pude evitar un escalofrío cuando sus dedos se entrelazaron con los míos sin dudar, sabía que antes de seguir con aquello te debía una explicación, pero en ese momento no fui capaz, fui egoísta, y no puedo arrepentirme de nada; puede que un día acabe arrepintiéndome de muchas cosas, pero no de esa.
    Pasó un buen rato hasta que ninguno de los dos dijo nada, hablé con Noa, con Estela, con Julia sobre como te encontrabas, él sacó a bailar a Valeria y todavía tengo esa imagen en mi cabeza. Mi imaginación voló, sin que pudiese frenarla, me lo imaginé dentro de unos años, con nuestra niña bailando en sus brazos, siendo a la que hacía reír mientras yo los miraba con una sonrisa, y durante un instante me sentí mal, me sentí la peor persona del mundo, porque me acordé de ti, de que como yo quieres que sea niña, de cuantas ganas tienes de ser su padre y me sentí culpable, muy culpable por no conseguir quererte en la manera que te lo mereces, por estar a punto de hacerte lo que iba a hacerte; pero te mentiría si dijese que aquello me hizo cambiar de idea o duró más de un segundo, porque me miró otra vez y tío te juro que no se que me pasa cuando me mira, pero sé donde empieza y termina y mi mundo, y mi cabeza volvió a perderse en mil imágenes. Él bailando con la niña, él enseñándole a montar en bici al niño que al final había resultado ser, él, él y él, y me di cuenta de que no podía seguir negándolo más, tenía claro lo que sentía, lo que quería. Ahora ya no tenía que pedirme que sonriese, sólo con pensar en él lo hacía, como una tonta niña enamorada, por eso es lo que era, lo que soy.
    Entonces la música cambió, Noa desapareció de mi lado farfullando alguna excusa, pero yo sabía a donde iba, así que le sonreí y la deje irse, Estela se bajó la bebida de un trago antes de sacar a bailar a Ramiro y él se plantó delante de mi, no dijo nada, solo cogió mi mano como yo había hecho con la suya antes, parecía que ninguno íbamos a hablar mucho pero la verdad es que no hacía falta, me llevó a la pista y en ese momento me dio una arcada, ¿romántico verdad? Hasta mis momentos románticos tengo que destrozarlos yo misma.
    Salí a cubierta y él conmigo, debió de ser la brisa o el salir del club lleno de gente, pero nada más salir se me pasó el mareo y entonces descubrí porque las películas están llenas de esas escenas románticas que sobrepasan lo pasteloso a veces; porque hay momentos en la vida que por mucho que se quieran transmitir en toda su intensidad no se puede, no importa como de perfecta, romántica y emotiva llegue a ser la escena, hay momentos en los que sientes más que en toda tu vida, en los que no importan los clichés o las metáforas manidas, en los que el amor te envuelve y tú tan solo puedes disfrutarlo, aunque seas como yo y quieras combatirlo, el sentimiento es más grande que tú, que los dos, que todo. Ni siquiera creía que esas cosas pudiesen pasar, menos a mí, pero fue el momento más mágico de mi vida.
    Se quitó la chaqueta y me la puso a mi, quise entrar porque le debía un baile y dijo que no hacía falta; la música se escuchaba desde dentro y teníamos la cubierta para nosotros solos, así que bailamos allí. Nos movimos juntos, me hizo girar, nos acompasamos el al otro y la música se hizo todavía más lenta, tanto como para que yo siguiese bailando con la cabeza apoyada en su pecho, mi mano izquierda en su cuello, su derecha en mi espalda y las otras dos cogidas encima de su corazón; entonces fue cuando me lo dijo, me pidió que le preguntase otra vez, al principio no entendía que era lo que se suponía que le tenía que preguntar, pero me lo lo dijo. Quería que le preguntase otra vez por qué, y lo hice...esperó hasta que lo miré a los ojos y me contestó "Porque me gusta cuando sonries, porque te hace todavía más preciosa de lo que ya eres, porque quiero que seáis felices, porque me enamoré de ti, solo por eso", sé que una sonrisa estúpida se plantó en mi cara y no hizo falta que le dijese que conseguía lo que se proponía, ahí fue cuando me besó.
    Si pensé que por no pillarme desprevenida sabía lo que me esperaba me equivoqué, pero del todo. Me besó decidido, como la primera vez en el comedor, las manos de nuevo en mi cara, sujetándome para evitar que me apartase de él, pero apartarme era lo último que yo quería; le devolví el beso con un entusiasmos que creo que nos sorprendió a los dos, pero lo estaba besando porque quería, porque lo quería, porque no quería que nadie, y eso me incluía a mi a la cabeza de la lista, volviese a referirse a un beso nuestro como tonto e inocente.
    Allí había premeditación y alevosía, y nocturnidad ya que estamos, y ganas, muchas ganas. Fue el beso más tierno, apasionado, romántico, delicado y fiero que me han dado, fue todas esas cosas así que supongo que estuvimos un buen rato en cubierta y que técnicamente fue más que un beso, no me pidas datos, lo único que se es que en mi vida había sentido tanto cuando me besaban, podríamos habérnosla pegado contra un iceberg que mientras él siguiese conmigo yo no me daría cuenta de nada.
    Nos apartamos y estaba a punto de decirle que lo quería cuando Julia apareció buscándonos como loca, estabas mal, Ainhoa había subido a avisarla, teníamos que bajar ya. Tú siempre tan oportuno y considerado... Me cuesta revivir todo lo que pasó después...pensé que te morías y joder sentía que me estaba muriendo contigo, me dijiste que al menos morías habiéndome dicho que me querías, que era una putada morirte ahora pero que al menos te habías enamorado; sé que dijiste algo del bebé pero ninguno conseguimos entenderte, así que me lancé, te besé, me declaré, te di todo de mi y lo único que evitó que yo me derrumbase al ver que te perdía era que su mano no me había soltado en ningún momento, y allí seguía, agarrada a la mía a mis espalda.

    Pero ¿qué hago ahora? No puedo decirte que si te dije todas esas cosas era porque quería que al menos murieses feliz, no puedo decirte que es verdad que te llevarías un trozo de mí porque eres como mi hermano, sin el como, eres mi hermano, eres parte de mi familia. Cuando por la mañana Julia dijo que estabas fuera de peligro le di las gracias a todo lo que se me ocurrió, creo que me inventé dioses más dioses de los que se conocen y todo, y sé que él le da las gracias a Dios cada día, yo estaba mal, pero él no estaba mejor. Preguntabas por mí, así que me levanté del sofá del club donde me había quedado dormida con la cabeza en sus piernas y agarrada a su mano todo la noche y le dije su quería bajar conmigo. Me contestó que no, que mejor bajase yo sola y que no me preocupase, que lo entendía todo y que nos olvidásemos de la apuesta, que era una tontería y al fin y al cabo las cosas estaban claras desde el principio.
    La verdad es que tardé un par de minutos en despejar y entender lo que me estaba diciendo, tanto que cuando lo pillé él ya se había ido de allí después de darme un beso en la cabeza. Él pensaba, y todavía lo piensa, que era verdad, que cuando casi te mueres delante nuestra yo había tenido alguna especie de epifanía que me había hecho ver que estaba enamorada de ti. Llegué a la enfermería por inercia, todavía con su chaqueta puesta y entonces me miraste y sonreíste y empezaste a decir que si tenías que fingir tu muerte otra vez para que te dijese que te quería lo harías, pero que si no me importaba sería sin mordisco en el culo; te vi reír y repetírmelo todo y sin tener allí su mano para agarrarme a ella y darme fuerzas no te lo pude negar.
    Cuando salí de la enfermería lloré, llegué al camarote, me tiré en la cama y sin quitarme los tacones o la chaqueta lloré toda la mañana; en algún momento de mi llorera descomunal metí la mano en los bolsillos por si encontraba un pañuelo pero lo que me encontré fue otra pajarita, y lloré aún más, no sabía lo que una persona podía llegar a llorar hasta ese día.
    Para cuando deje de llorar, literalmente creo que no me quedaban más lágrimas, me tragué la pena, el enfado y todo lo que sentía y me vendí a mi misma mi nueva situación. Si te quería podía llegar a amarte, si había pensado que él nunca sería una posibilidad podía llegar a olvidarlo; soy tan lista que los consejos que le doy a los demás no me los aplico a mi misma, soy el típico caso de "haz lo que yo digo pero no lo que yo hago" y como una gilipollas decidí que era una buena idea, que yo podía hacerlo, y pude, hasta hoy.
    Menos mal que no vas a leer esto porque los últimos quince días acabo de llorarlos sobre el papel, y no creo que ni tú ni nadie diese leído esto a la primera. Me ha hecho llorar algo en lo que no había pensado, y creo que no lo pensé porque no sabía como venderme a mi misma esa parte de la historia. Cuando pienso en como me puede afectar a mi me digo que no importa; cuando pienso en él me hago olvidar como me sigue mirando cuando cree que no me doy cuenta y hago por enfadarme para llegar a razonar de esta manera: si me quisiera de verdad no se habría ido así, habría intentado algo, aunque fuese el más pequeño de los detalles para hacerme ver que sigue ahí, me enfado a mi misma pensando eso pero doy gracias de que no haga nada, porque como lo haga no se que haría...Cuando pienso en que para ti no sería justo me digo que puedo llegar a quererte de verdad. Pero hoy mientras hacía la maleta y hablaba con Noa de cuando eramos pequeñas me contó algo que me rompió, y no creo ni que se haya dado cuenta.
    Noa empezó a hablar bastante tarde, pero una vez que empezó no paró, y su primera palabra fue papá, Montero estaba en una travesía en el quinto cuerno así que su madre la grabó en vídeo para que no se perdiese ese momento, y a Montero todavía se le vienen las lágrimas a los ojos cuando ve esa cinta, cuando ve a su pequeño pajarito decir papá por primera vez, por cierto la llama pajarito porque esa fue la tercera palabra que Noa dijo después de mamá y papá, acabó de contármelo y yo me imaginé como sería vivir ese momento, y me he imaginado su cara cuando el bebé lo llamase papá por primera vez, la suya, no pensé en tu cara Piti, pensé en la de Andrés.
    Me acabo de dar cuenta de que nunca va a oír como el bebé lo llama papá y que tampoco oirá nunca como yo le digo "te quiero", y se me ha acumulado todo, he conseguido tragármelo todo delante de Noa y he acabado escribiéndote esto a ti, a ti porque soy tan cobarde que se que no voy a ser capaz de decírtelo por no hacerte daño, parece una puñetera carta de amor a él y he tenido que escribírtela a ti para evitar la tentación de colarla por la rendija de su taquilla como él colaba aquellas pajaritas; pero podré hacerlo, sé que puedo, te quiero y"

    Justo ahí terminaba la carta, en la conjunción al final de la página, Ainhoa había llegado a la habitación buscando a Vilma porque le parecía que no tenía muy buena cara cuando ella se había ido pero no la había encontrado allí, lo único que estaba era su libreta encima del escritorio abierta por una página en blanco, con una pajarita de papel encima; al principio no lo había entendido pero no se había resistido a leer la carta y ahora lo entendía, su amiga estaba enamorada de Palomares, y cuando le faltaba poco para acabar de escribir la carta con la que se autoconvencería de nuevo de que podía enterrar sus sentimientos había girado la página y se había encontrado con una nueva pajarita, ese pequeño gesto que le había tambaleado todo, ese pequeño detalle que anhelaba y temía en la carta, pero ¿dónde estaba ahora?
    --- ¿Has visto a Andrés?--- la voz de Vilma desde la puerta hizo que Ainhoa se sobresaltase y soltase la pajarita que tenía en la mano.
    --- ¿Palomares? Creo que tenía turno con Piti.
    --- Piti está en las calderas--- empezó Vilma interrumpiéndola--- y Andrés no está con él, ¿no sabes dónde puede estar?--- esa frase junto con los ojos llorosos de su amiga fue todo lo que le hizo falta a Noa para ver que no había podido más y al fin había sido sincera con Piti.
    --- Creo que está en cubierta, revisando las cañas, ¿vas a...? Da igual, ya me contarás más tarde--- Vilma paseó la mirada entre Noa y su libreta y se dio cuenta de que su amiga había leído la carta, puede que en otro momento se hubiese enfadado, pero ahora no.
    --- Sí, voy a decirle que lo quiero--- no dijo nada más y salió de allí corriendo, Ainhoa se acercó a cerrar la libreta para evitar que nadie hiciese lo que ella acababa de hacer y cuando giró Vilma estaba de vuelta en la habitación:
    --- Gracias--- le dio un beso en la mejilla y ahora sí salió corriendo escaleras arriba a buscarlo, sonriendo, de la manera en la que sólo él conseguía que sonriese.



  3. Nota: La autoría de este fic se le atribuye a Lau.

    Aquella misma mañana Vilma se había librado por los pelos de darle una respuesta a Piti. Desde que le había confesado que la quería ella había estado evitándolo o coincidir solos con él en sitios públicos para evitar caer en el tema inevitable, Piti le había dicho cosas hermosas, cosas que a cualquier mujer le pondría lo pelos de punta y estaba claro que estaría esperando una respuesta y ella no estaba lista para dársela. No era que le sorprendiera todo aquello, desde que se había ofrecido a ser el papá de su bebe era casi predecible que pasara algo entre ellos, de hecho desde que había empezado a recibir aquellas pajaritas, lo había tenido bastante claro. Aunque no se lo hubiera dicho a nadie, sabía que el bebe terminaría acercándolos y no era que eso la pusiera triste, después de todo era imposible no querer a Piti, podía ser tan tonto como tan tierno y al final del día siempre estaba ahí, ayudándola, apoyándola, y encima le mandaba pajaritas para hacerla sonreír, pero en el fondo, detrás de esa cortina de humo que ella misma había creado, sabía que Piti no había sido su elección. Estar embarazada no era precisamente el premio del año, en un mundo normal los hombres rehuían de ello y para una chica de 23 años no era mucho más fácil encontrar el amor. No era que ella se empeñara desesperadamente como Estela en encontrar a su príncipe azul, pero que mujer no quería a alguien especial en su vida que la hiciera sentir como si fuera la única persona importante del mundo. Si, Piti era bueno con ella, la quería, pero en un mundo normal, en un mundo en el que ella no fuera la última embarazada, realmente lo habría elegido a él?
    Desde hacía algún tiempo esa pregunta había dejado de quitarle el sueño, no merecía la pena atormentarse con lo que pudo haber sido y no fue, hasta que pasó aquello, aquello que ni en un millón de años hubiera llegado a imaginar, aquellas pajaritas que le alegraban el día, que arrancaban una sonrisa de su rostro solo de pensar en ellas, no eran de Piti. Aunque le había confesado que la quería y que era su mujer perfecta, ella no podía pasar por alto el hecho de que alguien más en ese barco pensaba en ella, había alguien más que la quería ver sonreír, ese alguien, por el simple hecho de existir, la hacía sentir especial, le estaba dando la oportunidad de elegir.
    Palomares, demasiado tierno y bondadoso, tan lleno de fe y de esperanza, Vilma muchas veces sentía envidia de él, porque una persona así no le quedaba de otra que ser feliz; pero la felicidad de ese hombre consistía en verla sonreír, en verla feliz. Se odiaba a sí mismo por lo que había hecho, ella podía haber elegido a Piti, lo había hecho, lo había declarado el padre de su hijo y él, había puesto en juego su felicidad, jugándose a los dados la paternidad de un niño que no le pertenecía, no era su decisión pero aun así se había creído con el derecho de interponerse, pero quien era él? Le había estado dejando pajaritas en todas partes, la había estado vigilando, estudiando cada movimiento, sonreía a veces, pero era una sonrisa triste, podía ver la preocupación detrás de sus ojos, moría por hablar con ella, por ponerle su hombro y decirle que no tuviera miedo, que con él podía llorar si quería, que no lo juzgaría ni le haría preguntas, sabía que más allá de esa seguridad que mostraba, más allá de esos ojos que fingían alegría, algo muy gordo pasaba por su mente y moría por saber que era, cómo ayudarla, se despertaba en las noches y pegaba el oído a la puerta de su camarote, se avergonzaba de ello pero no podía evitarlo, si ella llegara a descubrirlo, si por un segundo llegara a sospechar lo que él sentía por ella, podría estropearlo todo y no quería, no podía soportar la idea de perderla, no a ella. Aquella mañana, había visto como Piti y ella había estado trabajando juntos y escucho como le preguntaba si lo quería, por un momento el mundo se detuvo, no podía ni respirar esperando una respuesta, lo que había estado temiendo, lo que aclararía todas sus dudas y le dejaría claro de una vez cual era su lugar, estaba a punto de ocurrir.

    Pero no paso, en ese momento llegó De la Cuadra pidiendo a Piti y a Palomares para que subieran a cubierta y ella respiró aliviada en su interior, si, por los pelos se había librado de darle una respuesta, pero su alivio no duro mucho, antes de irse un Piti más sonriente que nunca se giro, la tomo de la mano y le dijo
    - Piénsatelo, esta noche te recojo a las 9 en la puerta de tu camarote, espero una respuesta.
    Y ahí estaba ella, sentada en la parte baja de la litera con el pelo semi-recogido y una horrorosa flor amarilla que Ainhoa había insistido en que llevara en el pelo porque combinaba con su vestido. Estela se había quedado con la boca abierta cuando Vilma le había contado toda la historia de la confesión de Piti y las pajaritas de Palomares, pero no había dejado espacio para la duda, había asumido que Vilma elegiría a Piti y Palomares quedaría completamente fuera del cuadro, no había hecho preguntas, le había enganchado un vestido repollo y había pasado un cuarto de hora peinándola y hablándole de lo afortunada que era por encontrar el amor. Luego le había dejado con sus dudas sola en el camarote.
    La entrada repentina de Estela en el camarote lo hizo sobresaltarse, no era que estuviera medio en pelotas acabado de salir de la ducha y ella lo hubiera visto (era demasiado tarde para empezar a ser recatado delante de ella) acababa de entrar preguntando por Piti con ojos de loca, él no estaba, claro, no podía estar, del accidente que tuvieron en cubierta Piti fue el que salió peor parado, Palomares había pasado toda la tarde en la enfermería con el dándole la mano sujetando un cubo para que vomitara, a pesar de todo lo que había pasado entre ellos él seguía siendo su amigo, no dejaría que le pasara nada y todavía estaría ahí de no ser porque Julia lo echo de la enfermería después de que se desmayara, le había dicho que iba a estar bien pero había perdido mucha sangre. Recordaba claramente lo que pasó después de dejar la enfermería.

    A duras penas se había ido al camarote y al pasar frente al de las chicas sintió la voz chillona de Estela, estaba hablando con Vilma:
    - Pero tía que me estas contando, Palomares... Palomares…?
    - Si Estela si, Palomares, ese chico alto, rubio, con alzacuellos – la risita burlona de Estela que precedió esa frase solo consiguió que su cuello empezara a arder, sentía como su cara enrojecía.
    - Perdona que me ría, pero es que es muy fuerte, o sea, que era él. Ya veía yo raro todo el mal rollo que había en el juego entre ellos, siempre se han llevado bien.
    - Mira, tú mejor del juego ni hables, anda que jugarte la comida.
    - Bueno ya te perdí perdón, lo siento; además lo bueno que tiene esto es que ganara quien ganara la comida no te iba a faltar- Estela sonaba muy divertida con toda la situación pero no era capaz de identificar lo que pasaba con ella. Detrás de la puerta apenas le llegaban trozos de información de lo que hablaba Vilma y no podía imaginar lo que podía pasar si de repente se abriera la puerta, él quedaría como el psicópata que es espiando a una mujer con la que nunca podría estar.
    - Bueno, entonces que, ya le diste una respuesta a Piti- Estela sonaba emocionada.
    - No, es que…
    - Y a qué esperas mujer, que se te ha declarado, lo tienes comiendo de tu mano
    - Es que…
    - Ah ya se, quieres darle una respuesta en el baile, claro, te pones bien guapa y así lo dejas …
    - Que me ponga guapa dices? Que pretendes que me ponga
    - Pues un vestido claro, que siempre te vistes muy sosa y a saber cómo quedara ese cuerpo después que nazca el niño- Por más que quiso entrar a exponer sus razones en contra de ese comentario, sintió como Estela se movía por el camarote y decidió irse antes de que salieran.
    Le iba a dar una respuesta a Piti en el baile, pensó mientras se metía en las duchas, el agua estaba fría pero por algún motivo sentía que su piel ardía, ella lo iba a estar esperando para darle una respuesta y él no iba a aparecer, no podía. Apoyó la cabeza contra la pared dejando que el chorro de agua recorriera su cabeza y se resbalara por su espalda. Sentía la necesidad de golpear algo con toda su fuerza, de gritar hasta quedarse sin aire. Le dolía pensar en ella sentada en su camarote, con su vestido, esperando ansiosa a que Piti llegara, no quería meterse, no quería buscarla para darle la noticia y verse una vez más involucrado en algo que le doliera.


    Y ahí estaba Estela, probablemente portadora de la voz de Vilma, esperando saber donde estaba Piti.
    - Piti no está, Estela – le dijo apartando la mirada con la inocente esperanza de que se conformara con eso y se fuera.
    - Sí, eso ya lo veo- le respondió y fue la primera pista de que no se iba a ir tan fácilmente – pero dónde está?
    - Está en la enfermería, tuvimos un percance en cubierta y Julia insistió en que se pasara por ahí para ver que todo estaba bien – intentó sonar lo más casual posible para no levantar sospechas, sabía que Piti estaría bien, como también sabía que si Estela se enteraba de la verdad era capaz de armar una tormenta en un vaso de agua. Cuando se dio la vuelta ya no estaba, algo confuso pensó en ir tras de ella, podía haber colado lo de la visita rutinaria a la enfermería pero no tenía mucha fe en ella.
    La cara de entierro de Estela no podía traer otra cosa que malas noticias, ya estaba casi lista, si llevar un ridículo vestido que le habían dejado y una aun más ridícula flor en el pelo se le podía llamare estar lista, se sentía otra persona vestida así y en camino a un encuentro con Piti que supuestamente debería tener un final feliz para todos.
    - Que ha pasado?
    - Es Piti, no viene- Si, esa era indudablemente una cara de entierro, pero viendo todas las expectativas que Estela tenía sobre un futuro para ella con Piti quizás aquello no era del todo una mala noticia
    - No viene? Se… se arrepintió?- intentó sonar como si aquello fuese el fin del mundo, le pareció un poco sobreactuado para una persona que ella consideraba muy buena mentirosa, ella misma.
    - Vilma – Estela se sentó junto a ella en la litera, tomo sus manos entre las suyas y le dijo: -está bien, fue un accidente pero mejorara, Julia lo está atendiendo.
    - Que mierda me estas contando, Estela, que le pasó a Piti? – vale, Estela realmente podía preocuparse por cosas realmente serias.
    - Fui a su camarote y Palomares me dijo que estaba en la enfermería, asi que fui para allá y estaba inconsciente, con un tubo en la boca, parecía grave…
    - Qué? – sí, esa era definitivamente la mejor manera de dar una noticia – Tengo que ir a verlo
    - No puedes, Julia no deja que nadie entre, dice que parece peor de lo que en realidad es.
    - Voy a verlo.
    - Vilma!- Estela intentó retenerla pero ya estaba camino de la puerta.
    - Estela. Estela! – se abrió camino entre la gente para llegar a Estela en cuanto entro en el club- Dónde está Vilma?
    - Se ha enterado de lo de Piti y ha ido a verle, intenté detenerla pero…
    - Que le has contado lo de Piti? Pero tú que tienes en la cabeza, que en su estado no puede recibir malas noticias, que hace menos de un mes la teníamos en la enfermería debatiéndose entre la vida y la muerte – No se había dado cuenta de cuánto había alzado la voz, Estela lo miraba como a un bicho raro, quizás dándose cuenta de cuando había metido la pata o quizás por primera vez viendo lo que en realidad sentía Palomares por Vilma.

    Se largo de ahí antes de pensar en cuanta gente lo había estado mirando, en la ventana de la enfermería se encontró con ella. Llevaba un vestido blanco largo, iba bastante desabrigada pero se veía preciosa, jamás pensó que podría encontrar a alguien tan hermoso en el fin del mundo, si, Dios existía, había creado al ser más maravilloso y lo había puesto en su camino. Ella no se había dado cuenta de que él había llegado por lo que tuvo tiempo de mirarla un rato más, o a lo mejor fue que se detuvo el tiempo estando parado allí, solo mirándola. Se fue acercando y ella se giró, estaba llorando, no era un llanto desesperado, era más bien tranquilo, como quien lleva llorando mucho tiempo y ya no tiene fuerzas para más. Al verlo no le dijo nada, el tampoco habló, pero se acercaron y ella recostó la cabeza sobre su pecho, estuvieron ahí un buen rato, a través de la ventanilla se veía Piti inconsciente, respirando con suavidad. De repente pudo sentir como la respiración de ella se iba apresurando, la abrazó con fuerza intentando calmarla, ella levantó la vista hacia él y con voz ronca le susurró:
    - No le quiero – Eso era lo último que habría esperado escuchar en aquel momento – estuve a punto de hacerlo, de decirle que sí, que le quería, pero no puedo engañarlo, no le quiero.
    Palomares podía ver como las lágrimas corrían por el rostro de Vilma, la respiración se le agitaba por cada segundo que pasaba amenazando con desplomarse en cualquier momento, no quería verla llorando, le dolía verla así.
    - Bailamos? – le preguntó y entre las lágrimas Vilma sonrió, era una sonrisa sincera. El mundo cambiaba cuando ella sonreía, él sentía persona, sentía que había sido elegido, que había sobrevivido al Apocalipsis solo para estar ahí ; le devolvió una media sonrisa nerviosa, le cogió las manos delicadamente y las llevó hasta detrás de su cuello, le puso las suyas alrededor de la cintura, la acercó más a él con mucho cuidado, tan despacio como si se le pudiera romper entre las manos, la tenía tan cerca que sentía su olor, ella podía sentir la respiración de Palomares en su cuello, cada centímetro de su piel pedía se acercaran más y más. Con los ojos cerrados empezaron a dar vueltas al compás de una música que no existía, que nadie más que ellos podía oír. Por alguna parte entraba una brisa que la hacía estremecerse pero la cercanía de su cuerpo la sofocaba, su piel ardía. Un millón de dudas habían atormentado su cabeza aquel día, dudas que todavía estaban ahí, sus problemas seguían esperando una respuesta y ya llegaría el momento de dárselas, pero en aquel momento, en aquel preciso instante, en medio de aquel océano infinito; la vida no le dejaba otra alternativa, tenía que sonreír.

  4. La verdadera razón

    martes, 3 de mayo de 2011

    Ahí estaba ella, apostándose la comida de las chicas, esa comida que había robado unas horas antes pensando que conseguiría ganar esa partida.
    Era consciente de que lo que había hecho estaba mal, de que en esa situación, no tenía sentido ponerse a jugar con la comida, pero al fin y al cabo, que era lo que tenía sentido en ese barco? Nada.
    Así que haciendo caso de la conocida frase: Desafortunado en amores, afortunado en el juego, se apresuró a robar toda la comida del camarote de las chicas, pensaba que ganaría, es más, lo tenía clarísimo.
    Unas horas después, Estela se sentaba al lado de Piti, dispuesta a ganar esa partida, lo que no contaba es que Piti fuese tan buen jugador y la estuviera desplumando como si de un pollo se tratase.
    Entonces lo vio entrar, Palomares irrumpió en la estancia y ahí supo que la cosa no iba a acabar bien para ninguno de los allí presentes.
    - Estais jugando la comida al poker?? Estais locos, anda devolverla ahora mismo a la cocina. – dijo el rubio, intentando hacerlos entrar en razón.
    - Ésta comida es nuestra Palomares, la hemos ido guardando poco a poco, somos libres de jugarnosla eh! – dijo Estela.
    La chica los observaba, parecía que ambos chicos tenían una cuenta pendiente, les extrañaba verlos así, teniendo en cuenta de lo bien que se llevaban y lo bien que ambos se complementaban, Piti y Palomares eran un tándem, representaban la locura y la cordura. Pero ante todo representaban lo bonito que podía llegar a ser una amistad entre dos chicos.
    Palomares se apuntaba a la partida, por lo que ahora sería más fácil ganarle a Piti, o eso pensaba ella. Sabía que Palomares si ganaba, regresaría la comida a la cocina, pero no sabía lo que planeaba hacer Piti.
    Se había traído sus galletas para dar la comunión y pensaba apostarlas, aunque pensándolo bien, el también tenía comida guardada y la podía apostar, pero esa comida estaba consagrada, y no era sólo para él, sino para todos los que quisiesen comulgar.
    - Palomares si apuestas esto, ¿con que vas a dar la comunión? – preguntó Estela preocupada.
    - Con chirlas, Estela, con chirlas! Joder, Padre, un cura jugándose el cuerpo de Cristo, desde que has palpao carne, andas un poquito desbocao eh! ¿Verdad Monseñor?
    Estela no entendía porque Piti actuaba así, ellos dos eran amigos, creía que esa amistad que los unía nunca llegaría a romperse. Pero esto no era así. Y eso, en cierto modo la entristecía.
    Piti había ganado de nuevo y a Estela se le había acabado la comida:
    - Y de nuevo gana la banca oye!! A ver, me comunican que Estela abandona la partida por falta de crédito! Señores, seamos sinceros, lo importante no es participar, es ganar!!
    - Venga Piti, que la comida no era mía, era de las chicas, yo les quería llevar una sorpresa, ahora no me puedo volver y decirles que me he jugado todo a los dados. – dijo Estela.
    - Claro, no sé Estela, pues... pide un préstamo o hazme un pagaré, pero si no tienes con que apostar pues ya te puedes ir a llorar a cubierta. ¿Qué señores, alguien quiere acompañarla a cubierta?
    ¿Y este era el chico con el que había estado? ¿Con el que se había acostado? Francamente, ¿En que estaría pensando ella en ese momento? No entendía el resto del mundo y el resto del mundo no la entendía a ella, sólo quería amar y ser amada, ¿era tanto pedir? Ramiro le había dicho que estaba enamorado de Pilar y NO de ella, Piti se había acostado con ella y si te he visto no me acuerdo, es más, visto como la estaba tratando ahora, decía mucho de él como persona, y el capitán, mejor ni comentar sobre el capitán, ella se había ilusionado y él la había corrido de su camarote como si de una apestada se tratase, estaba claro que no debía dejarse amilanar por un hombre, así que iba a ganarle a Piti, ¡tenía que ganarle!
    - ¿Aceptas prendas? – preguntó Estela como última opción.
    - Estela, eh, venga por favor, no entres ahí – dijo Palomares.
    - No, no, aceptar se aceptan, pasa que aquí el sacerdote no se si va a consentir porque está un pelín sensible con la llamada de la carne, ¿sabes?¿que Padre, seguimos o te retiras?
    - Aceptamos prendas, deja lo que sea y seguimos.
    Ya estaba, lo que menos había querido se había cumplido. Piti había ganado y Palomares tenía que terminar de desnudarse por completo, algo en mí supuso que eso nunca llegaría a pasar, quizás por como era Palomares o por que Piti lo estuviese obligando. Pero, esto no fue así, y Palomares se desnudó por completo, delante de nuestras narices. Esto, ya fue la gota que colmó el vaso.
    - Bueno, da igual la comida de las chicas, fin de la partida. – dijo Estela, intentando que las cosas volviesen a su cauce. Cosa imposible, porque en ese momento, Piti estalló:
    - ¿Tú me vas a reconocer de una puñetera vez que tienes una crisis de fé? Si da igual, si eres cura y Papa al mismo tiempo! Puedes acabar con el celibato ahora mismo!¿quieres?
    - Piti... Piti, no tiene gracia – dijo Estela intentando hacer entrar en razón a Piti.
    - Pues si, puede que esté pasando una crisis de fé, y puede que no esté a la altura para iluminar el camino de nadie, pero un mamarracho que se juega la comida en un momento así... Piti, no mereces ser el padre del bebé de Vilma. Así que vamos a hacer una cosa, me juego el alzacuellos, si pierdo renuncio a ser cura, pero si gano a tu trío, renuncias tú a ser el padre del bebé de Vilma y me hago cargo yo. Estela, los dados.
    Fue en ese momento que Estela lo comprendió todo, ella era la razón, la verdadera razón, Piti estaba molesto porque Palomares había besado a Vilma, y Palomares se sentía humillado y al mismo tiempo, enfadado por todo lo que estaba pasando.
    Pero de pronto, cuando pensó que la cosa no podía empeorar, la propia Vilma apareció y con ella los miedos y vergüenzas.
    Vilma quería saber el resultado de los dados, todos lo querían saber! Palomares levantó con cuidado el cubilete, mostrando la combinación ganadora. El cura había ganado, y con ello, no sólo toda la comida sino también la paternidad del bebé de Vilma.
    Vilma no dijo nada, se dio la vuelta y se marchó por donde había entrado, los demás fueron saliendo, también Piti hizo lo propio, intentando no mirar a Palomares. En este momento, Piti era el gran perdedor.
    Estela se quedó un momento más, quería hablar con él, decirle que ella podía ayudarlo, y que estaba de su parte.
    El rubio ni se fijó en que ella seguía allí, lentamente fue cogiendo sus ropas y se fue vistiendo. No se creía lo que había pasado, había ganado, él que nunca tenía suerte en nada, le había ganado a Piti, seguía siendo cura, pero ahora, era también el padre del bebé de Vilma.
    Él sólo quería protegerla para que nadie le hiciese daño, ni a ella, ni a su bebé, la alejaría de Piti si hiciese falta, ahora comprendía que Vilma lo era todo para él y también sabía que ella jamás debería saberlo.
    Esa mañana la había besado, hacía días que la miraba sin que ella se diese cuenta, vigilándola, robando alimentos para ella y para su bebé, cuidándola, ella no se daba cuenta, pero él era feliz viéndola sonreír. Se veía tan guapa, cuando sonreía, era preciosa! Sabía que las pajaritas lo hacían vulnerable, pero no iban firmadas, por lo que nunca sabría quién se las mandaba. Ella se preguntaría de quién serían, lo más seguro, y también sabía que seguramente pensaría que serían de Piti, pero al rubio no le importaba porque a él, le gustaba verla sonreír.
    Pero al besarla, había sentido como si el barco se resquebrajase bajo sus pies, y como miles de mariposas despertaban su corazón dormido. Para él era demasiado tarde, era sacerdote y había besado a una mujer.
    Y ahora era el padre de su bebé porque lo había ganado en una apuesta.
    Dios y el mundo lo seguían poniendo a prueba, podía haber perdido y dejar de ser cura, pero Dios había querido que él ganase esta vez, quería que el único cura de La Tierra no dejase de serlo, pero no le importaba que fuese el padre del bebé de Vilma.
    Intentando borrar esos pensamientos de su cabeza, se dio la vuelta para marcharse, pero se quedó parado al ver a Estela apoyada sobre la puerta.
    - ¡Que susto Estela! – dijo un sobresaltado Palomares. Del susto casi se le cae el tarro con la comida.
    - Lo siento mucho – dijo Estela con lágrimas en la cara.
    Palomares dejó el tarro sobre la mesa de nuevo al ver que Estela estaba llorando.
    - ¿Qué te pasa Estela? – le preguntó, agarrándola por la cintura y señalándole la silla para que se sentase.
    - Siento haber apostado la comida de las chicas, sé que estuvo mal. ¿Por qué siempre tengo que actuar inconscientemente? No pienso las cosas! – dijo Estela casi, sin respirar.
    - Estela, tranquila, respira. – le pidió Palomares.
    - Es que cuánto más lo pienso, más me preocupa ser tan idiota, me rebajo, y ni me doy cuenta. Yo lo único que quiero es amar y que ese alguien me ame, ¿acaso eso es pedir demasiado? – dijo la morena, secándose las lágrimas.
    - Estela, amar es darlo todo sin importar que ese alguien te ame. No puedes obligar a una persona a que te quiera. Eso no está bien, Estela.
    - Lo sé, sé que no está bien, pero me siento sola Palomares.
    - No estás sola Estela, en este barco somos muchos los que te queremos. – dijo el sacerdote, intentando reconfortarla.
    - A veces me cuesta creerlo, sé que no obro bien, pero la gente no me tiene en cuenta. Por eso sé, que tú tampoco vas a tener en cuenta lo que yo te diga.
    - ¿A que te refieres? – preguntó extrañado el cura.
    - Sé que todo esto es por Vilma, sé que ambos la queréis.
    - Todo el mundo quiere a Vilma, Estela, es imposible no quererla. – respondió Palomares.
    - Pero tú la amas, esa es una de las pocas cosas de las que puedo estar segura. Y no hace falta que me digas que no, porque no te creeré.
    Palomares intentó contestarle pero Estela no le dejó.
    - Sé también que hoy en la mañana la besaste, éramos muchos en el comedor, como para no verlo – rió divertida Estela. – También sé, que Piti no es el padre adecuado para el bebé de Vilma, y que en verdad, tú lo eres. También sé que eres cura y que no puedes ni siquiera planteártelo, pero quiero que pienses en ella, y te preguntes verdaderamente si te morirías al verla con otro.
    - Yo... – Balbuceó Palomares.
    Estela prosiguió con su sermón.
    - Sé que me contestarías que no, que amarías verla feliz aunque fuese con otro, porque tú eres así, un buen hombre, pero yo te pido que no lo hagas Palomares, no hagas eso, te arrepentirás, al principio, la verás feliz y creerás que tú eres feliz porque ella lo es, más tarde, verla feliz con otro te irá consumiendo, y sufrirás de verdad. Lo sé. Quiero que sepas, que yo estoy aquí para ayudarte.
    - ¿Ayudarme? – preguntó Palomares.
    - Si claro, si yo no puedo ser feliz, al menos que alguien lo sea ¿no?
    - ¿Te refieres a mi?
    - Me refiero a Vilma y a ti – Palomares al oír esto, abrió los ojos incrédulo.
    - Estela, soy cura.
    - Y estás enamorado de ella. – afirmó Estela.
    - Pero eso no importa, Dios ha decidido que ganase esta partida, él no quiere que deje de ser cura.
    - Dios ha decidido que ganases la partida y seas el padre del bebé de Vilma, Dios no podía haber elegido un padre mejor.
    - No tiene nada que ver una cosa con la otra, yo seré el padre del bebé y punto.
    - Vas listo si piensas que cuidando al bebé y estando cerca de ella, no vas a sufrir. – Estela, se estaba enfadando, ¡Qué hombre tan obtuso!
    - Yo quiero lo mejor para el bebé y Piti no lo es! – dijo Palomares molesto.
    - Pues claro que no lo es, pero tampoco lo es para Vilma, así que ya sabes lo que tienes que hacer! Decirle lo que sientes, y las dudas que tienes.
    - ¿Qué? ¡No!
    - Claro que si, mañana vas a decírselo, ella tiene que saberlo! He perdido la comida de las chicas y quiero que el haberla perdido valga para algo. Mañana se lo dirás. Es una orden. Oye, que es muy tarde, me voy ya, tengo que ir a tachar tu nombre de la libreta.
    - ¿Qué libreta? – Preguntó extrañado Palomares.
    - Mi libreta de conquistas, por supuesto. – rió Estela divertida.
    - Madre de Dios, tenías mi nombre en la libreta de conquistas – preguntó Palomares abriendo los ojos como platos.
    - Tranquilo Palomares, estabas en último lugar, y son muchos, no creo que te hubiese tocado.
    - Yo también espero que no me hubiese tocado, ojalá que encuentres la felicidad Estela.
    - Si este plan no funciona, pasamos al siguiente, ya sabes las leches que me llevé por tirarme a Piti, imagínate lo que Vilma me haría si supiese que voy detrás de ti. – dijo Estela guiñándole un ojo.
    - Estela, no pensarás ... ¡Estela! – Palomares gritó pero Estela ya se había marchado. – ¡Esta mujer está loca!
    Palomares sonrió preocupado, tendría que consultar con la almohada lo que le diría a la mañana siguiente a Vilma, dijera lo que dijese no sería fácil. Recogió el tarro con la comida con mucho cuidado, sólo faltaba que se le rompiese, salió del camarote cerrando la puerta con cuidado. Cuando había entrado en la estancia, se había enfadado al ver a sus compañeros apostando la comida del barco en una situación así, lo que no sabía es que saldría de ese mismo camarote con la comida en la mano y con la alegría de saber que ahora él, era el padre del bebé de Vilma, porque ella era la razón de su vida, la verdadera razón.