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  1. Como andar en bicicleta

    miércoles, 12 de octubre de 2011

    Palomares sentía que se estaba asfixiando, no sabía si era que llevaba todo el día hecho una mierda, las pocas ganas de hacer nada, la colonia de Piti que se le estaba metiendo por la nariz o el hecho de saber para quien se la estaba echando; así que salió de la ducha y se fue al camarote sin tan siquiera despedirse, tampoco es que Piti le estuviese haciendo mucho caso así que no importaba. Se quedó un minuto parado pensando a donde podía ir, no es que tuviese muchas posibilidades estando donde estaba, lo que más le apetecía era salir a nado y olvidarse de todo y esa obviamente no era una opción posible; la más recomendable era encerrarse en la capilla, allí nadie lo molestaría pero no sabía muy bien porqué aquello era lo que menos le apetecía en ese momento, no se sentía del todo bien en la capilla y eso era algo más para su lista de preocupaciones...como si no le llegasen ya las que tenía. Sacudió la cabeza para despejarse y se decidió a ir a al camarote, al fin y al cabo Piti parecía estarse poniendo demasiado guapo para volver a la habitación con ellos, se sentó en la cama y apoyó la cara entre las manos hasta que escuchó la puerta abrirse.


    En el mismo momento en que la vio entrar a la habitación sintió a su corazón dar un vuelco. Estaba preciosa. A él no le hacía falta verla arreglada para ver toda su belleza, pero en aquel momento estaba deslumbrante; parecía preocupada, pero estaba deslumbrante. No le costó mucho hacer la cuenta para saber lo que pasaba allí, Piti arreglándose en el baño y ella vestida de princesa, aquello era una cita; sintió como su estómago se contraía de una manera que le era muy familiar últimamente pero que no había sentido en años, y sintió ganas de llorar sin darse cuenta de que lo estaba haciendo hasta notar la humedad de las dos lágrimas solitarias que caían por su cara. Fue entonces cuando la cara de preocupación de Vilma se crispó más aún y como se acercó a él en dos zancadas:

    -¿Qué te pasa? - preguntó llevando la mano a su mejilla y dejándola caer al instante, no esperó respuesta y siguió hablando – Anda, termina de vestirte que de cena nada. Tú y yo nos tomamos unas copas. Vente al club ya.

    -¿Cena? ¿Qué cena? - preguntó él confuso, pero Vilma ya había cerrado la puerta sin contestarle, ¿iba a darle plantón a Piti por animarlo a él? La idea hizo que el nudo de su estómago se aflojase pero no podía dejar que le hiciese eso a su amigo, lo había visto en el baño y se notaba que estaba ilusionado; a él podría dolerle la idea de imaginárselos pasando la noche juntos, pero no podía ponerse en medio a sabiendas de que lo estaba haciendo, así que se levantó para ir a buscar a Vilma e inventarse alguna cosa sobre su estado de ánimo para que ella pudiese acudir a su cita tranquila.

    Cuando llegó al club se la encontró sentada en uno de los sofás esperando por él:

    -Bueno hombre, yo me arreglo y tú vienes así, eso no vale – lo saludó ella con una sonrisa que él devolvió incluso sin intentarlo.

    - Es que no quiero que llegues tarde a tu cena por hablar conmigo – se explicó – vete tranquila, estoy bien.

    - Palomares iba a cenar contigo, así que no llego tarde a ningún sitio; y obviamente tú no estás bien, así que siéntate y toma – le dijo golpeando el sofá con una mano y extendiéndole un vaso con la otra.

    - ¿Te arreglaste así para cenar conmigo? - preguntó no muy convencido y a la vez ilusionado haciendo lo que ella le decía.

    - Pues ya me dirás con quien – rió ella, Andrés se atragantó con lo que había empezado a beber y Vilma se dio cuenta de la posible respuesta y bebió de su propio vaso para no seguir la frase.

    - Espero que eso no tenga lo mismo que esto – dijo él sacudiendo su bebida – porque quema.

    - Lo sé – rió ella – lo preparé yo, pero tranquilo esto es vodka con limón para embarazas, vaya nada de vodka, doble de limón.

    - Me alegro, no queremos que le pase nada malo – el tono de Andrés bajó según iba diciendo la frase y Vilma no pudo evitar acercarse a él y coger su mano:

    - ¿Andrés qué te pasa? Tú no estás bien.

    - Nada – dijo él mientras negaba con la cabeza intentando saber porque el que hecho de que lo llamase por su nombre en vez de por su apellido provocaba algo en él – es que no quería discutir contigo otra vez por...

    - No – lo interrumpió ella sabiendo a lo que se refería – aquel día tú te preocupaste por mí y yo te contesté de una manera muy fea, y aún no te he pedido perdón ahora que lo dices, así que lo siento.

    - No tienes que pedirme perdón, tú nunca tienes que pedirme perdón – le dijo él mirándola, no sabía porque había dicho aquello pero sabía que era verdad – todos estábamos mal, no fue el mejor momento para ponerme a dar sermones.

    - Tú estabas siendo un buen amigo, y yo fui una imbécil – contestó ella haciendo un esfuerzo sobrehumano para ignorar la primera parte de la frase – así que te mereces la disculpa, ya eran horas además – lo sonrió en respuesta a la tímida sonrisa que él le dio y continuó hablando – y ahora a lo que vamos, ¿qué te pasa?

    - No lo sé – respondió él negando una vez más con la cabeza y encogiéndose de hombros – te prometo que no lo sé, sino te lo diría – realmente no le estaba mintiendo; sabía que tenía ganas de llorar como si volviese a tener cuatro años y su hermano Miguel le acabase de trillar los dedos con la puerta y sabía que se moría por ganas de que fuese ella quien lo abrazase para consolarlo pero no sabía porqué, le dolía verla con Piti y que él se hubiese declarado en sus narices, pero no sabía porqué; ¿si él no entendía que le pasaba como se lo iba a explicar a ella?

    - Eh, no pasa nada – dijo ella viendo su cara de devastación y pasando un brazo por su espalda – a veces estamos mal y no sabemos lo que nos pasa, pero cuando lo sepas, voy a estar ahí ¿vale?

    - Gracias – respondió él girándose para abrazarla, pero a la vez escuchó a una voz en su cabeza pensar “Lo estarás, pero no de la manera que yo querría”, ignoró sus propios pensamientos que ni él mismo entendía y se concentró en el abrazo que Vilma le estaba dando y estaba consiguiendo que dejase de sentirse tan perdido.

    - Para eso estamos Palomares – contestó rompiendo el abrazo, Andrés se sintió vacío al momento pero la sonrisa de Vilma pareció paliar el efecto un poco – y mientras no sabemos lo que te pasa, algo tendremos que hacer ¿no? Bebe, que tienes que coger el punto por los tres.

    - ¿Por los tres? – preguntó él riendo mientras ella lo cogía de la muñeca para hacer que bebiese.

    - Claro, somos tres. Tú, esta cosita y yo – dijo acariciándose la aún invisible tripa – así que te toca coger una borrachera triple - Palomares sonrió mientras bebía intentando comprender porque una frase tan simple como “Tú, esta cosita y yo” le había acelerado el corazón. Vilma lo miró por el rabillo del ojo mientras bebía su limonada deseando que pudiese llevar toneladas de alcohol, él no sabría que le pasaba pero ella sí sabía lo que había estado a punto de pasarle con él, y era algo que no podía ser.


    Habían pasado días desde que Palomares había pasado la noche con Vilma en el club, se habían reído, habían compartido confidencias y durante aquella noche había conseguido olvidar esa tristeza que parecía acarrear con él a todas partes. Sin embargo los días habían pasado y él seguía igual, estaba sentado en el comedor viendo como Vilma y Piti hablaban y él sentía ganas de llorar, nunca había visto las telenovelas de las que tanto hablaba su abuela, pero sospechaba que él haría un buen papel como protagonista femenina en el aquel momento; justo entonces Ramiro apareció con una bandeja con su propio desayuno en ella y se sentó enfrente de él:

    - Buenos días Pater, o no tan buenos…menuda cara traes.

    - Buenos días Ramiro – contestó el rubio intentando formar una sonrisa pero sin perder de vista a sus dos amigos – no dormí muy bien, nada más.

    - Palomares, llevas más de una semana sin dormir bien – respondió su amigo.

    - Tendré que hablar con la doctora, lo mismo estoy pillando un catarro – dijo distraído, sus dos sujetos de observación se acercaron a dar los buenos días y se pusieron a la cola del desayuno.

    - Aún no están saliendo – respondió Ramiro – lo sé por Estela, así que tranquilo.

    - ¿Tranquilo? – preguntó el cura nervioso - ¿por qué no iba a estar tranquilo? – viendo la cara de Ramiro siguió hablando – simplemente no quiero que le haga daño, está claro que van a acabar juntos y solo espero que Piti no le haga daño.

    - A ti lo que te pasa – dijo su amigo echándose hacia delante – es que estás enamorado de ella – Palomares paseó la mirada entre Vilma y su amigo y negó con la cabeza.

    - ¿Enamorado? No, para nada – dijo sacudiendo la cabeza.

    - Enamorado – afirmó Ramiro – hasta las trancas, a muerte, a más no poder, hasta el tuétano. Como quieras decirlo, pero enamorado.

    - Yo no estoy enamorado, el que está enamorado de ella es Piti – dijo Andrés nervioso sin ser capaz de dejar las manos quietas.

    - Eso es verdad – concedió Ramiro con una sonrisa – tú se lo hiciste ver a Piti y le hiciste un gran favor, ya va siendo hora de que alguien te lo haga a ti. Andrés estás enamorado de Vilma.

    - ¡Que no! Simplemente es que la quiero sí, la quiero como…como a una hermana. Es mi amiga y no quiero que nadie le haga daño.

    - Sí claro; y yo miro a Estela como si fuese mi madre. Los únicos que parecéis no daros cuenta sois vosotros. ¿Pero te has fijado en cómo la miras?

    - No puedo estar enamorado de Vilma – respondió Andrés con un hilo de voz.

    - ¿Por qué? – ante la extrañeza de la cara de su amigo Ramiro reformuló la pregunta - ¿por qué no puedes estar enamorado de Vilma?

    - ¡Porque soy cura! – respondió su amigo mirándolo como si se le hubiese olvidado un detalle tan fundamental como respirar.

    - Eres cura, el mundo se ha ido a la mierda, no llegamos al centenar de personas vivas, y tú has tenido la increíble suerte de encontrar el amor; así que no me sirve – contestó el moreno mientras removía su café – siguiente argumento.

    - Pues…- empezó Palomares después de boquear ante la frase de su amigo – porque…porque…

    - No te preocupes – lo cortó Ramiro con una sonrisa – tenemos tiempo, piensa tranquilo.

    - Porque no puedo Ramiro, así de simple – dijo Palomares derrotado.

    - ¿Porque no puedes? Sin duda es el mejor argumento que he oído en vida.

    - Ramiro – empezó Andrés enfadado ante el hecho de que su amigo parecía estar tomándose a guasa su problema; le acababa de decir que estaba enamorado de Vilma y que por eso estaba como estaba y ahora era incapaz de tomárselo en serio, y lo peor del asunto es que la idea de Ramiro parecía encajar como motivo de sus problemas.

    - No te cabrees; no me estoy riendo de ti es que quiero que te des cuenta. Lo que te pasa es que estás asustado, es normal, y no lo digo porque seas cura, que eso también ayuda. Piti es tu amigo, y los dos os habéis enamorado de la misma chica, la situación no es nada fácil.

    - No puedo quererla – dijo Andrés que había hundido la cara en las manos y miraba fijamente la mesa – no puedo.

    - Lo que no puedes es prohibírtelo; ni por tu alzacuellos ni por Piti – afirmó Ramiro en un tono suave, para Andrés no debía de ser nada fácil reconocer lo que sentía así que no podía presionarlo, pero ya era hora de que le hiciera frente a sus propios sentimientos; así esperó pacientemente a que su amigo fuese capaz de hablar de nuevo.

    - ¿Y qué más da? ¿Qué diferencia habría si lo reconozco? Ella no está enamorada de mi – Andrés levantó la cabeza a la vez que se explicaba y Ramiro pudo ver el dolor y la tristeza en sus ojos.

    - La diferencia es que si te quedas callado nunca sabrás si lo que acabas de decir es verdad – el rubio iba a protestar así que se apresuró a seguir hablando – Andrés el mundo se ha ido a la mierda, lo único que tenemos es los unos a los otros. ¿Cuántas relaciones has visto empezar en el poco tiempo que llevamos aquí? ¿Y cuántas por motivos equivocados? Yo fui incapaz de aceptar que el mundo se había acabado aunque tenía las pruebas en las narices porque no podía aceptar que había perdido a Pilar. Lo que te quiero decir es que cuando estás perdido y solo buscas lo más grande que puede ayudarte a salir adelante. El amor.

    Todo parece mucho más fácil cuando sabes que tienes a alguien de tu lado, cuando sientes que no estás solo. Se ha acabado el mundo, lo hemos perdido todo y además Vilma está embarazada; si yo estuviese en esas condiciones y un tío que es mi amigo se ofreciese como padre de mi hijo y me dijese que siente algo por mi yo también creería que estoy enamorada de él. Puede que Vilma lo esté o no de Piti, pero es probable que simplemente esté confundida y necesite sentir que la quieren, pero si no se sabe lo que tú sientes por ella no tendrá que plantearse lo que ella siente de verdad. Ahí tienes tu diferencia.

    - Él no fue el único que le dijo esas cosas – dijo Andrés en voz tan baja que Ramiro tuvo que hacer un esfuerzo para oírlo.

    - ¿Le has dicho Vilma te quiero, estoy enamorado de ti? Así con todas las letras y dejándolo bien clarito.

    - No, eso no pero…

    - Pero nada. Tal y como estamos las medias tintas no sirven para nada; o la quieres o no la quieres; los dos sabemos que sí, la pregunta es si realmente te vas a permitirte luchar por ella – en ese momento Vilma que estaba desayunando con las chicas en una mesa apartada se levantó y salió del comedor pero antes se despidió de ellos con una sonrisa que hizo que el corazón de Andrés se acelerase de golpe, los dos le devolvieron el saludo y cuando Ramiro giró la cabeza vio como su amigo aún estaba mirando el lugar por el que la rubia se había ido con una sonrisa que no había visto en semanas.

    - No sé si me voy a acordar de cómo se lucha por lo que quieres – comentó el cura con una sonrisa nerviosa.

    - Eso es como montar en bicicleta – dijo su amigo poniéndose en pie, los dos tenían turno juntos así que ya tenían que ponerse en marcha – nunca se olvida, te lo digo yo.

    - Gracias, si no fuese por lo que…

    - No me las des – le contestó el moreno sonriendo – aún no sabemos si te va a salir bien; además, el mérito no es mío, es de alguien que me ha recordado las cosas que importan de verdad.

    - Tendré que agradecérselo a Estela entonces – rió el rubio subiendo ya las escaleras que llevaban a la cubierta.

    - ¿Cómo sabes que me he enamorado de Estela? – gritó Ramiro apresurándose lo que podía para seguirlo.

    - ¿Pero te has fijado en como la miras? – fue la respuesta de Palomares robándole la frase que antes le había dirigido a él; no sabía como iba a acabar aquello pero a él siempre le había gustado andar en bicicleta.

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