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  1. Siempre la segunda opción

    jueves, 2 de junio de 2011

    Nota: La autoría de este fic se atribuye a Luanndie.

    Estela

    Think of me in the depths of your despair

    Tal vez Estela no era muy lista pero sabía un par de cosas. Sabía que había miradas que dicen mucho más que una larga conversación. Sabía que el mal humor de Piti era directamente proporcional al número de sonrisas entre Vilma y Palomares. Sabía que cada vez que aparecía una pajarita en la taquilla de Vilma ella conseguía sexo. Pero sobre todo sabía que el amor lo cambia todo.

    Al principio había sido divertido. Un par de escapadas al cuarto de las calderas con Piti, algún revolcón en un camarote poco transitado, nunca nada serio, nunca nada de lo que preocuparse. Era sexo entre amigos, dos personas que necesitaban satisfacer sus necesidades básicas en el fin del mundo. ¿Nada raro no? Sólo que sí lo era.

    Estela lo supo enseguida, aquella vez, después del primer polvo. Durante su pelea en las duchas con Vilma se dio cuenta de que no quería ceder a Piti. No era sólo el sexo, eran las risas, eran las estúpidas bromas sobre las necesidades de un semental, eran las conversaciones serias en mitad de la noche, eran los abrazos en el momento adecuado, era Piti. Pero también se dio cuenta de que no tendría más remedio. Piti escogió a Vilma, fue a por ella en la pelea, fue a ella a quien le susurró que iba a estar allí siempre y fue a ella a quien abrazó hasta que se calmó. Mientras tanto, Estela se tenía que conformar con un cura que tenía el corazón tan roto como ella.

    Pero ella era una chica fuerte y tenía paciencia así que, cuando llegó a la soledad de su habitación, cogió los pedazos de su corazón, les puso un poco de celo y ocultó las fracturas detrás de una falsa sonrisa. Piti siempre volvía ¿no? Eso tenía que significar algo. 

    Así que convencida de que esta vez estaba besando a la rana adecuada se resignó a esperar. Esto no es la Edad Media, los príncipes no juran amor eterno antes de un par de polvos, y Piti estaba muy lejos de conformarse con menos, por lo que Estela pensó que si no podía llegar al sexo a través del amor, llegaría al amor a través del sexo. Al fin y al cabo el orden de los factores no altera el producto. 

    El problema es que los príncipes sí podían enamorarse de la princesa sin ni siquiera tocarla y Piti no sólo se conformaba con un beso sino que también estaba dispuesto a cargar con un niño que no era suyo. Por eso, cuando Vilma le contó que Piti se le había declarado no se preocupó en fingir que tenía el corazón roto, simplemente se limitó a oír su historia mientras pensaba como demonios iba a reconstruir su corazón de nuevo en un mundo donde se había acabado el superglue.

    Ahora Piti y Vilma están juntos. Eso no significa menos sexo, en realidad significa más sexo pero también más dolor. Antes era divertido, ahora sólo hay rabia, tristeza y frustración en unos encuentros donde se intercambia de todo menos sentimientos. Estela había perfeccionado tanto la técnica que casi podía presentir cuando iba a embestirla Piti preso de una imperiosa necesidad de calmar sus ansias como fuera. Justo ahora, estaba siendo testigo de un abrazo demasiado largo entre Vilma y Palomares, la excusa daba igual, la consecuencia, una cita en la sala de las calderas con Piti en menos de una hora. No habría preliminares, ni juegos, simplemente desesperación y ciertos movimientos rítmicos y acompasados. Esta vez, no se preocuparía por recoger los restos de su corazón destrozado del suelo. Resultaba muy complicado diferenciarlos de los de Piti.



    Vilma

    There´s a fire starting in my heart

    Nunca pensé que estaría haciendo esto. No es mucho mi estilo ya sabes, lo mío es más cerrar los ojos, apretar fuerte los dientes y volver a embestir al mundo con más ganas. Supongo que alguien me habló acerca de poner la otra mejilla y me afectó más de lo pensaba. En realidad, todo me afecta más de lo que pensaba, Aihnoa dice que son las hormonas, yo creo tiene más que ver con el hecho de caminar con un corazón en carne viva, preparado y dispuesto para ser destrozado al más mínimo toque.

    Yo siempre he sido sensible ¿sabes? Pero rápidamente aprendí que llorar ante cada golpe no iba a solucionar nada, por eso decidí poner un muro, un muro muy alto y fuerte alrededor de mi corazón. Si nadie llegaba a tocarlo, no sufriría. No es una idea tan descabellada. El problema es que hay gente que sabe cómo saltar ese muro aunque tú no quieras, aunque dobles la guardia y contrates a más vigilantes, al final alguien siempre se cuela por alguna rendija y llega hasta ti. La primera vez que pasó conseguí un bombo, la segunda me enamoré de un cura. Por lo que a mí respecta, sería más sencillo tirar mi corazón por la borda y ver como se lo come algún pez mutante. Desde luego sería mucho menos doloroso.

    En realidad yo creo que todo es una broma retorcida del destino. Cuanto más me esfuerzo yo por mantenerme de una pieza, más se esfuerza él por hacerme caer y mantenerme apretada contra el suelo para que no pueda levantarme. Pero tú me conoces, no soy de las que se rinde fácilmente, así que me vuelvo a levantar y sigo adelante, pensando que si consigo aguantar un día más todo será más fácil, el dolor se hará más llevadero, sólo que es mentira. El dolor es cada vez peor y la necesidad de tenerlo me quema.

    Por eso, ingenua de mí, cuando Piti se me declaró pensé que era una señal del cielo, un mensaje diciéndome, no puedes tener lo que quieres pero al menos te mando un bombero. Así lo veía yo, como alguien que me ayudaría a sobrellevar mis miserias. No podría ser totalmente feliz, pero al menos no sería totalmente desgraciada. Estaba dispuesta a aceptar el trato, de verdad, pero como siempre el destino me jugó una mala pasada. Piti no era un bombero, no era una crema contra las quemaduras, por no ser, no era ni la mísera pasta de dientes que te echas cuando te salpica el aceite hirviendo. En realidad Piti era líquido inflamable, cuando yo ardía por Palomares, él solo conseguía que me quemara más rápido. Un par de besos para intentar olvidar los labios que no tengo, una par de caricias para olvidar las manos que no me tocan y en segundos me he convertido en cenizas. Una mujer arde de deseo hasta convertirse en ceniza por el hombre que no puede tener. Sería un buen titular si… bueno, si todavía existieran los periódicos.

    Yo creo que él se da cuenta. Me refiero a Piti. Supongo que no es muy difícil saber que algo va mal cuando tu novia te besa con tantas ganas como destripa la pesca del día. Pero es que no puedo evitarlo, besar a Piti es como las matemáticas algo que tienes que hacer pero que deseas que pase lo más rápido posible para poder dedicarte a lo que realmente te interesa. Estamos atrapados, él queriéndome a mí y yo queriendo a otro, parece la historia de una maldita telenovela. Aunque si mi vida tiene que ser una telenovela podría ser el pájaro espino. Al menos en esa el cura tenía un amor desbordante por la tal Maggie, mientras yo tengo que conformarme con imaginar cómo sería corromper al último cura de la tierra. Y créeme, lo imagino a menudo. Con todo lujo de detalles.

    Sabes, a veces también lloro. No sé muy bien por qué, si por mí, por Piti, por Palomares o por todos nosotros que estamos condenados a sobrevivir en este barco mientras se nos acaba la comida y la esperanza. En esos momentos se me pasa por la cabeza que tal vez el haber sobrevivido fue un castigo y no un premio pero luego veo la sonrisa de Andrés y el corazón me late tan rápido que parece que se va a romper y pienso que si querer a ese hombre va a llevarme al infierno, que vayan abriendo las puertas que me tiro en caída libre.

    Como te decía al principio nunca pensé que estaría haciendo esto, ya sabes hablar contigo, con Dios, pero como ves estoy desesperada. Y todo este discurso no es sino para ablandarte un poquito el corazón. Yo sé que no puedes hacer que Andrés me quiera. Eres algo así como el genio de Aladdín, puedes hacerlo todo menos revivir a los muertos e influenciar en los sentimientos humanos. Pero yo no voy a pedirte eso, la verdad no creo que me merezca a alguien tan bueno como él. Lo que yo quiero simplemente es tu permiso para un último beso, uno de verdad, uno que no sea por accidente o del que luego nos arrepintamos. Uno de esos que cambian tu vida y te marcan para siempre, un beso que sea mi tabla salvavidas y al que pueda aferrarme el resto de mi vida, con el que pueda decirle todo lo que no puedo explicarle con palabras. ¿Que por qué quiero tu permiso? Porque no me gustaría que por mi culpa se condenara la última alma pura que nos queda.


    Piti

    You had my heart inside of your hand 



    Todos pensaban que Piti era una especie de cromañón, el eslabón perdido en la evolución, demasiado simple incluso para ser hombre. Si ellos supieran la cantidad de sentimientos y pensamientos que se arremolinaban en su interior se lo pensarían dos veces antes de llamarle simple, porque lo que sentía era de todo menos simple:

    Ira

    La notaba corriéndole por la venas. Su sangre ardía y los dedos le cosquilleaban con el deseo de golpear algo. Simplemente de pensarlo, de recordarlo, sus dientes rechinaban y sus músculos se tensaban. Apenas veía por dónde iba pero después de 3 meses no había ni un solo lugar en el barco que no conociera a la perfección. No importaba que la ira le cegara, no necesitaba ver para saber a dónde se estaba dirigiendo.

    Desesperación 
     
    Mientras caminaba con paso rápido y decidido pensaba que en realidad era como luchar contra la corriente, tú nadas y nadas pero eres incapaz de avanzar. Al final cuando tu cuerpo ya no puede más te dejas ir, mientras el agua te arrastra y acabas hundiéndote miserablemente. Sin duda Piti conocía esa sensación. Tal vez no era un pensador pero no le importaba esforzarse y pelear por aquello que quería. Pero esta vez, no importaba cuan duro peleara, cuantas veces lo intentara, cuanto empeño le pusiera, siempre se mantenía en la misma posición. Allí de pie, viendo a Vilma y Palomares quererse en silencio mientras él era el invitado no deseado en esa fiesta.

    Deseo 
     
    Cuando llegó por fin a su destino, se lanzó sobre Estela con instinto animal. Ella ya estaba allí, ella siempre estaba allí. Preparada y dispuesta para hacerle olvidar por unos minutos donde estaban, quiénes eran y qué era aquello que deseaban tan desesperadamente y no podían tener. No era bonito, no era romántico, no era ni siquiera amistoso. En realidad tenía más que ver con la desesperación y la soledad y tal vez, con cierto punto autodestructivo propio de aquellas personas que no tienen nada que perder pero tampoco nada que ganar.

    Frustración 
     
    La ilusión sólo duraba unos segundos. Piti se esforzaba por mantener los ojos cerrados y obviar los pequeños detalles, como el olor de su piel o el sabor de su boca, que le recordaban que no era ella a quien quería, que esa con la que estaba era demasiado alta, con algunas curvas de más y menos rubia de lo que le gustaría. 

    Decepción 
     
    Siempre era amargo ese momento, cuando el engaño desaparecía. Normalmente venía acompañado con un par de besos rápidos con sabor a fracaso. Sus manos, su boca, su respiración incluso sus latidos se ralentizaban como si le costara trabajo seguir viviendo tras darse cuenta de que nada tenía sentido. Sabía que Estela también lo notaba, podía ver en sus ojos el reflejo de los suyos, el reflejo de la decepción al saber que esta vez tampoco tendrían lo que tanto ansiaban.

    Dolor 
     
    Mientras Estela termina de vestirse, Piti lo siente. Es como un tortazo, como un jarro de agua fría en mitad de la noche. Es algo que te sorprende y te deja desconcertado. Es un dolor fuerte y opresivo en la mitad del pecho que casi le impide respirar. Cuando eso ocurre a Piti le gustaría quedarse allí, sentado en el suelo contra una pared, encogido sobre sí mismo mientras espera que el dolor se vaya. Pero sabe que no puede hacerlo, si se dejara caer sabe que nunca tendría fuerzas para volver a levantarse.

    Odio 
     
    Al salir por la puerta, Estela se despide sin decir una palabra y se marcha cabizbaja. En ese momento es cuando siente odio, odio por Palomares y todo lo que le está robando, odio por Vilma que no es capaz de quererlo, odio por lo que él y Estela hacen a escondidas, odio por todo el dolor que está causando, odio por no poder odiar.

    Sin duda, Piti siente muchas cosas, la única que ya no es capaz de sentir es 

    Amor


    Palomares

    The scars of your love remind me of us,
    they keep me thinking that we almost had it all 

    Ser un cura en el fin del mundo no es sencillo. La gente viene a ti esperando que tú puedas guiarlos, decirle la palabra adecuada que les devuelva un poco de esperanza, pero no siempre es fácil. Si él llega a dudar de su fe ¿cómo va a pedirle a los demás que la mantengan? En el seminario no lo prepararon para esto, en realidad Palomares cree que nada lo habría preparado para esto, sea lo que sea. Así que Palomares se siente creativo e intenta solucionar los problemas uno a uno y lo mejor que puede, muchas veces olvidándose el alzacuellos.

    Por eso a veces se siente como un filósofo:

    -La vida es dura y retorcida. ¿Cómo si no puedes explicar que nosotros seamos los únicos seres humanos vivos en toda la faz de la tierra? ¿Pero sabes qué? A pesar de todo merece la pena, y la gente de este barco lo demuestra cada día porque aunque apenas tengamos comida, todo lo que hayamos conocido haya desparecido y nuestro futuro sea cada día un poco más negro, tenemos algo que hace que todo el esfuerzo merezca la pena, tenemos algo que nos anima a levantarnos cada día y a tener esperanza, tenemos amor.

    Otras veces como un juez de la moralidad:

    -No hay nada de malo en querer a alguien. El amor es el sentimiento más puro que puede tener un ser humano, nos impulsa a ser mejores, a esforzarnos un poquito más, a llegar un poco más lejos. El amor es lo que mueve el mundo así que ¿cómo puede ser malo algo que sigue haciendo girar a este planeta a pesar de todos los desastres? No, no hay nada de malo en querer a alguien. 

    Algunas como un psicólogo sin demasiadas respuestas:

    -La gente cree que lo más difícil es no saber lo que quieres, notar como la incertidumbre te paraliza y te impide seguir avanzando, como si alguien con un mando gigante le hubiera dado al pause a tu vida sin avisarte. Pero la gente se equivoca, lo más difícil no es saber lo que quieres, sino saberlo y no poder conseguirlo nunca. Puede ser que no lo merezcas, que no hayas luchado suficiente, que alguien se te haya adelantado, que los riesgos sean demasiado altos… pueden ser tantas cosas que al final no es ninguna. Lo único importante y lo que recordarás todas las noches es que no tienes aquello que quieres y nunca lo tendrás y contra eso no se puede luchar.

    Muchas veces como un anciano intentando adoctrinar a los jóvenes:

    -Puedes odiar muchas cosas, puedes odiar el mar, los camarotes, el barco, al resto de tus compañeros, el hecho de que no volveremos a ver una montaña, tal vez, en toda nuestra vida, que todos los que conocíamos han muerto, que la vida nunca volverá a ser igual… Puedes odiar a Dios, y puedes odiarte a ti, puedes odiarlo todo. Estás en tu derecho. No voy a negarte que a veces yo también siento odio porque las cosas no salen como a mí me gustarían pero ¿sabes qué? Odiar ocupa demasiado tiempo y demasiado espacio en el corazón. Odiar te impide ver que todavía hay cosas que merecen una sonrisa y que al final del día cada uno ha hecho lo que ha podido con lo que ha tenido. No se nos puede pedir más. No necesitamos más.

    Y unas pocas veces, siente que está dando un mal consejo:

    -Todo el mundo comete errores. Lo importante Vilma, es que Piti te hace feliz, que va a ser un buen padre para tu hijo y que va a estar ahí para ti no importa qué. Creo que eso es más de lo que cualquiera de nosotros querríamos.

    Pero siempre, siempre, siente que se está traicionando un poco.
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