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  1. El valor de lo que callo

    viernes, 13 de mayo de 2011

    "Nunca vas a llegar a leer esta carta, cuento con ello, por eso la escribo.
    Ya que me puse a ello debería escribirle a él, pero es más fácil si lo hago así, al menos para mí, es una chorrada ya que ninguno de los dos vais a leer esto, pero bueno...yo estoy más cómoda así; es que no puedo reconocerlo ante él, no puedo, aunque sea en un papel que nunca llegará a caer en sus manos...ni siquiera se porqué me justifico, solo yo voy a saber lo que pone aquí.

    Mañana nos vamos a vivir juntos, tú y yo, aunque no sé yo si lo de "vivir juntos" es un término acertado, en este barco ya vivimos todos juntos, así que seguramente sea más correcto decir que nos vamos a compartir un camarote; el caso es que nos confirmamos como pareja, como familia, por muy difícil que pareciese, por muchas broncas que hayamos tenido, que los dos sabemos que no han sido pocas, por mucho que al principio pareciese la idea más descabellada del mundo. Tú y yo juntos, tú, yo y este una vez que esté con nosotros.
    Debería estar contenta, emocionada, dar saltos o algo por el estilo, lo sé, pero estoy lejos de eso, ahora mismo me parezco más a Noa acarreando su maleta de un lado a otro por no estar dispuesta a reconocer que cometía un error que a alguien enamorado y feliz; pero yo no soy Ainhoa, no voy a reconocerlo pero al menos sé disimularlo.
    No me entiendas mal, te quiero mucho, muchísimo; el pequeño, diminuto e irrelevante problema es que no estoy enamorada de ti, y ojalá lo estuviese, ojalá. Intenté convencerme, de hecho me lo empecé a creer durante un tiempo, pero no es verdad. Odio que me mientan, me hace sentirme traicionada y ahora estoy a punto de basar toda mi vida en una mentira, pero no tengo otra opción, por mucho que me repatee y me de asco a mi misma, es lo que tengo que hacer.
    Debería ser sincera, contigo, con él, conmigo misma para empezar; pero ¿cómo paro esto? ¿Cómo doy marcha atrás? Te besé, te dije que sí, que te quería, y todo lo hice por miedo. Pensé que morirías allí, en mis narices, agarrado a mi, y eso casi consigue matarme a mi. Ahora estás vivo y recuperado, y nada en mi vida me hizo tan feliz, de verdad; pero cada vez que me mira, cada vez que veo sin querer una de esas pajaritas que tengo bien escondidas me deshago. Me deshago como se deshizo la última que me encontré en mis manos, rota en trocitos en un intento de olvidarlo todo, pensé romperlas todas, pero una vez que rompí la primera tardé algo así como dos segundos en lanzarme a por celo para volver a pegarla. El amor no se puede arrancar; puedes cerrar los ojos ante la evidencia, tratar de ignorarlo y disimularlo, pero nada de eso impide que siga ahí, y duele...joder si duele.

    ¿Sabes? Ya que me estoy confesando (incluso esa palabra parece reírse de mi ahora mismo) voy a confesártelo todo. No ha habido solo un beso, fueron dos. Y si el primero no voy a poder olvidarlo el segundo se ha quedado en mi grabado a fuego. La noche de la fiesta, de la estúpida fiesta, después de que los dos fuésemos a verte e insistiésemos en que fuésemos y nos divirtiésemos pasó algo antes de que volviésemos a la enfermería, algo que tú no sabes.
    Salía del camarote con Estela cuando apareció él, estaba guapísimo, pantalón, camisa y chaqueta todo de negro (esto te sobraría, pero como no lo vas a leer tanto me da), me dijo lo preciosa que estaba y me miró como si no tuviese ojos más que para mi, se quedó sin habla durante un momento antes de decírmelo y todo; créeme era difícil porque al lado tenía a Estela enfundada en uno de sus vestidos que a cualquier otra la harían parecer una morcilla y con un escote imposible y yo simplemente llevaba un vestido negro y plateado, ata al cuello y me queda por encima de la rodilla, el vestido no es feo e iba arreglada pero con el embarazo no es que me sienta una Barbie precisamente; pero entonces él me miró y fue como si todo temblase, el estómago me dio un vuelco, entendí lo que es tener realmente mil mariposas en él y por primera vez en mi vida me sentí princesa, no había nadie más en el pasillo, solo él y yo, me miraba como si resplandeciese y yo me sentía echar chispas.
    Me dijo si quería que fuésemos a verte, que te merecías verme así, que aquello seguro te sacaba una sonrisa, pero a mi en aquel momento solo me importaba la suya; me puse como un tomate y le dije que era mejor dejarte descansar, que ya iríamos a verte más tarde y reuniendo más valor del que me había hecho falta en mi vida me cogí de su mano.
    Temblé, no pude evitar un escalofrío cuando sus dedos se entrelazaron con los míos sin dudar, sabía que antes de seguir con aquello te debía una explicación, pero en ese momento no fui capaz, fui egoísta, y no puedo arrepentirme de nada; puede que un día acabe arrepintiéndome de muchas cosas, pero no de esa.
    Pasó un buen rato hasta que ninguno de los dos dijo nada, hablé con Noa, con Estela, con Julia sobre como te encontrabas, él sacó a bailar a Valeria y todavía tengo esa imagen en mi cabeza. Mi imaginación voló, sin que pudiese frenarla, me lo imaginé dentro de unos años, con nuestra niña bailando en sus brazos, siendo a la que hacía reír mientras yo los miraba con una sonrisa, y durante un instante me sentí mal, me sentí la peor persona del mundo, porque me acordé de ti, de que como yo quieres que sea niña, de cuantas ganas tienes de ser su padre y me sentí culpable, muy culpable por no conseguir quererte en la manera que te lo mereces, por estar a punto de hacerte lo que iba a hacerte; pero te mentiría si dijese que aquello me hizo cambiar de idea o duró más de un segundo, porque me miró otra vez y tío te juro que no se que me pasa cuando me mira, pero sé donde empieza y termina y mi mundo, y mi cabeza volvió a perderse en mil imágenes. Él bailando con la niña, él enseñándole a montar en bici al niño que al final había resultado ser, él, él y él, y me di cuenta de que no podía seguir negándolo más, tenía claro lo que sentía, lo que quería. Ahora ya no tenía que pedirme que sonriese, sólo con pensar en él lo hacía, como una tonta niña enamorada, por eso es lo que era, lo que soy.
    Entonces la música cambió, Noa desapareció de mi lado farfullando alguna excusa, pero yo sabía a donde iba, así que le sonreí y la deje irse, Estela se bajó la bebida de un trago antes de sacar a bailar a Ramiro y él se plantó delante de mi, no dijo nada, solo cogió mi mano como yo había hecho con la suya antes, parecía que ninguno íbamos a hablar mucho pero la verdad es que no hacía falta, me llevó a la pista y en ese momento me dio una arcada, ¿romántico verdad? Hasta mis momentos románticos tengo que destrozarlos yo misma.
    Salí a cubierta y él conmigo, debió de ser la brisa o el salir del club lleno de gente, pero nada más salir se me pasó el mareo y entonces descubrí porque las películas están llenas de esas escenas románticas que sobrepasan lo pasteloso a veces; porque hay momentos en la vida que por mucho que se quieran transmitir en toda su intensidad no se puede, no importa como de perfecta, romántica y emotiva llegue a ser la escena, hay momentos en los que sientes más que en toda tu vida, en los que no importan los clichés o las metáforas manidas, en los que el amor te envuelve y tú tan solo puedes disfrutarlo, aunque seas como yo y quieras combatirlo, el sentimiento es más grande que tú, que los dos, que todo. Ni siquiera creía que esas cosas pudiesen pasar, menos a mí, pero fue el momento más mágico de mi vida.
    Se quitó la chaqueta y me la puso a mi, quise entrar porque le debía un baile y dijo que no hacía falta; la música se escuchaba desde dentro y teníamos la cubierta para nosotros solos, así que bailamos allí. Nos movimos juntos, me hizo girar, nos acompasamos el al otro y la música se hizo todavía más lenta, tanto como para que yo siguiese bailando con la cabeza apoyada en su pecho, mi mano izquierda en su cuello, su derecha en mi espalda y las otras dos cogidas encima de su corazón; entonces fue cuando me lo dijo, me pidió que le preguntase otra vez, al principio no entendía que era lo que se suponía que le tenía que preguntar, pero me lo lo dijo. Quería que le preguntase otra vez por qué, y lo hice...esperó hasta que lo miré a los ojos y me contestó "Porque me gusta cuando sonries, porque te hace todavía más preciosa de lo que ya eres, porque quiero que seáis felices, porque me enamoré de ti, solo por eso", sé que una sonrisa estúpida se plantó en mi cara y no hizo falta que le dijese que conseguía lo que se proponía, ahí fue cuando me besó.
    Si pensé que por no pillarme desprevenida sabía lo que me esperaba me equivoqué, pero del todo. Me besó decidido, como la primera vez en el comedor, las manos de nuevo en mi cara, sujetándome para evitar que me apartase de él, pero apartarme era lo último que yo quería; le devolví el beso con un entusiasmos que creo que nos sorprendió a los dos, pero lo estaba besando porque quería, porque lo quería, porque no quería que nadie, y eso me incluía a mi a la cabeza de la lista, volviese a referirse a un beso nuestro como tonto e inocente.
    Allí había premeditación y alevosía, y nocturnidad ya que estamos, y ganas, muchas ganas. Fue el beso más tierno, apasionado, romántico, delicado y fiero que me han dado, fue todas esas cosas así que supongo que estuvimos un buen rato en cubierta y que técnicamente fue más que un beso, no me pidas datos, lo único que se es que en mi vida había sentido tanto cuando me besaban, podríamos habérnosla pegado contra un iceberg que mientras él siguiese conmigo yo no me daría cuenta de nada.
    Nos apartamos y estaba a punto de decirle que lo quería cuando Julia apareció buscándonos como loca, estabas mal, Ainhoa había subido a avisarla, teníamos que bajar ya. Tú siempre tan oportuno y considerado... Me cuesta revivir todo lo que pasó después...pensé que te morías y joder sentía que me estaba muriendo contigo, me dijiste que al menos morías habiéndome dicho que me querías, que era una putada morirte ahora pero que al menos te habías enamorado; sé que dijiste algo del bebé pero ninguno conseguimos entenderte, así que me lancé, te besé, me declaré, te di todo de mi y lo único que evitó que yo me derrumbase al ver que te perdía era que su mano no me había soltado en ningún momento, y allí seguía, agarrada a la mía a mis espalda.

    Pero ¿qué hago ahora? No puedo decirte que si te dije todas esas cosas era porque quería que al menos murieses feliz, no puedo decirte que es verdad que te llevarías un trozo de mí porque eres como mi hermano, sin el como, eres mi hermano, eres parte de mi familia. Cuando por la mañana Julia dijo que estabas fuera de peligro le di las gracias a todo lo que se me ocurrió, creo que me inventé dioses más dioses de los que se conocen y todo, y sé que él le da las gracias a Dios cada día, yo estaba mal, pero él no estaba mejor. Preguntabas por mí, así que me levanté del sofá del club donde me había quedado dormida con la cabeza en sus piernas y agarrada a su mano todo la noche y le dije su quería bajar conmigo. Me contestó que no, que mejor bajase yo sola y que no me preocupase, que lo entendía todo y que nos olvidásemos de la apuesta, que era una tontería y al fin y al cabo las cosas estaban claras desde el principio.
    La verdad es que tardé un par de minutos en despejar y entender lo que me estaba diciendo, tanto que cuando lo pillé él ya se había ido de allí después de darme un beso en la cabeza. Él pensaba, y todavía lo piensa, que era verdad, que cuando casi te mueres delante nuestra yo había tenido alguna especie de epifanía que me había hecho ver que estaba enamorada de ti. Llegué a la enfermería por inercia, todavía con su chaqueta puesta y entonces me miraste y sonreíste y empezaste a decir que si tenías que fingir tu muerte otra vez para que te dijese que te quería lo harías, pero que si no me importaba sería sin mordisco en el culo; te vi reír y repetírmelo todo y sin tener allí su mano para agarrarme a ella y darme fuerzas no te lo pude negar.
    Cuando salí de la enfermería lloré, llegué al camarote, me tiré en la cama y sin quitarme los tacones o la chaqueta lloré toda la mañana; en algún momento de mi llorera descomunal metí la mano en los bolsillos por si encontraba un pañuelo pero lo que me encontré fue otra pajarita, y lloré aún más, no sabía lo que una persona podía llegar a llorar hasta ese día.
    Para cuando deje de llorar, literalmente creo que no me quedaban más lágrimas, me tragué la pena, el enfado y todo lo que sentía y me vendí a mi misma mi nueva situación. Si te quería podía llegar a amarte, si había pensado que él nunca sería una posibilidad podía llegar a olvidarlo; soy tan lista que los consejos que le doy a los demás no me los aplico a mi misma, soy el típico caso de "haz lo que yo digo pero no lo que yo hago" y como una gilipollas decidí que era una buena idea, que yo podía hacerlo, y pude, hasta hoy.
    Menos mal que no vas a leer esto porque los últimos quince días acabo de llorarlos sobre el papel, y no creo que ni tú ni nadie diese leído esto a la primera. Me ha hecho llorar algo en lo que no había pensado, y creo que no lo pensé porque no sabía como venderme a mi misma esa parte de la historia. Cuando pienso en como me puede afectar a mi me digo que no importa; cuando pienso en él me hago olvidar como me sigue mirando cuando cree que no me doy cuenta y hago por enfadarme para llegar a razonar de esta manera: si me quisiera de verdad no se habría ido así, habría intentado algo, aunque fuese el más pequeño de los detalles para hacerme ver que sigue ahí, me enfado a mi misma pensando eso pero doy gracias de que no haga nada, porque como lo haga no se que haría...Cuando pienso en que para ti no sería justo me digo que puedo llegar a quererte de verdad. Pero hoy mientras hacía la maleta y hablaba con Noa de cuando eramos pequeñas me contó algo que me rompió, y no creo ni que se haya dado cuenta.
    Noa empezó a hablar bastante tarde, pero una vez que empezó no paró, y su primera palabra fue papá, Montero estaba en una travesía en el quinto cuerno así que su madre la grabó en vídeo para que no se perdiese ese momento, y a Montero todavía se le vienen las lágrimas a los ojos cuando ve esa cinta, cuando ve a su pequeño pajarito decir papá por primera vez, por cierto la llama pajarito porque esa fue la tercera palabra que Noa dijo después de mamá y papá, acabó de contármelo y yo me imaginé como sería vivir ese momento, y me he imaginado su cara cuando el bebé lo llamase papá por primera vez, la suya, no pensé en tu cara Piti, pensé en la de Andrés.
    Me acabo de dar cuenta de que nunca va a oír como el bebé lo llama papá y que tampoco oirá nunca como yo le digo "te quiero", y se me ha acumulado todo, he conseguido tragármelo todo delante de Noa y he acabado escribiéndote esto a ti, a ti porque soy tan cobarde que se que no voy a ser capaz de decírtelo por no hacerte daño, parece una puñetera carta de amor a él y he tenido que escribírtela a ti para evitar la tentación de colarla por la rendija de su taquilla como él colaba aquellas pajaritas; pero podré hacerlo, sé que puedo, te quiero y"

    Justo ahí terminaba la carta, en la conjunción al final de la página, Ainhoa había llegado a la habitación buscando a Vilma porque le parecía que no tenía muy buena cara cuando ella se había ido pero no la había encontrado allí, lo único que estaba era su libreta encima del escritorio abierta por una página en blanco, con una pajarita de papel encima; al principio no lo había entendido pero no se había resistido a leer la carta y ahora lo entendía, su amiga estaba enamorada de Palomares, y cuando le faltaba poco para acabar de escribir la carta con la que se autoconvencería de nuevo de que podía enterrar sus sentimientos había girado la página y se había encontrado con una nueva pajarita, ese pequeño gesto que le había tambaleado todo, ese pequeño detalle que anhelaba y temía en la carta, pero ¿dónde estaba ahora?
    --- ¿Has visto a Andrés?--- la voz de Vilma desde la puerta hizo que Ainhoa se sobresaltase y soltase la pajarita que tenía en la mano.
    --- ¿Palomares? Creo que tenía turno con Piti.
    --- Piti está en las calderas--- empezó Vilma interrumpiéndola--- y Andrés no está con él, ¿no sabes dónde puede estar?--- esa frase junto con los ojos llorosos de su amiga fue todo lo que le hizo falta a Noa para ver que no había podido más y al fin había sido sincera con Piti.
    --- Creo que está en cubierta, revisando las cañas, ¿vas a...? Da igual, ya me contarás más tarde--- Vilma paseó la mirada entre Noa y su libreta y se dio cuenta de que su amiga había leído la carta, puede que en otro momento se hubiese enfadado, pero ahora no.
    --- Sí, voy a decirle que lo quiero--- no dijo nada más y salió de allí corriendo, Ainhoa se acercó a cerrar la libreta para evitar que nadie hiciese lo que ella acababa de hacer y cuando giró Vilma estaba de vuelta en la habitación:
    --- Gracias--- le dio un beso en la mejilla y ahora sí salió corriendo escaleras arriba a buscarlo, sonriendo, de la manera en la que sólo él conseguía que sonriese.
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