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  1. El medallón

    jueves, 24 de febrero de 2011

    Tras el capítulo 6

    Esa mañana el camarote estaba ocupado por dos chicas únicamente, ya que Ainhoa había pasado la noche con Gamboa. El olor del esmalte de uñas de Estela llenaba la estancia, y la morena estaba en ese momento ocupada con las uñas de sus pies. Vilma se encontraba rebuscando entre las cosas que ocupaban su desordenada estantería: un par de libros, un joyero, la primera ecografía de su bebé... Sonriendo cogió la cajita situada al fondo. Se sentó en la cama con la espalda apoyada en la pared y la abrió.
    ¡Aquí estás! —exclamó. —Pensé que ya te había perdido.
    Su compañera, curiosa, desvió la mirada de las uñas de sus pies y la dirigió a su reciente amiga.
    ¿Qué guardas ahí?
    Es un medallón que me regalaron mis padres cuando cumplí dieciséis años. Tiene una fotografía de los dos, y quiero regalárselo al bebé cuando nazca. —La sombra que había cubierto su mirada al hablar de sus padres se esfumó con la sola mención de su futuro hijo. Parecía que poco a poco se iba ilusionando con la idea de ser madre.
    Es precioso. —Estela se entristeció por momentos, algo que no era nada usual en ella. —Yo ni siquiera tengo una foto de mi familia.
    Vilma la abrazó por los hombros y le dio un beso en la mejilla.
    Ahora todos somos una familia.
    Las chicas siguieron hablando, ajenas a que alguien las estaba observando desde la puerta entreabierta de su camarote.

    Palomares y Ramiro conversaban animadamente en el pasillo cuando vieron a Vilma encaminarse hacia ellos. La saludaron, y ella no sólo no les contestó sino que pasó de largo sin apenas dirigirles una mirada. Los chicos se miraron extrañados sin entender nada y se apresuraron a seguirla.
    Vilma entró precipitadamente en los vestuarios y se metió en las duchas sin preocuparse por desvestirse. Estela era la única que estaba allí, y se extrañó al ver a su amiga en ese estado.
    ¿Dónde está? —Cuando habló, la voz de Vilma no sonó precisamente amable.
    ¿El qué? ¡No sé de qué me hablas!
    Estela lo sabes muy bien. Eres la única persona a la que se lo he enseñado. ¡Dime dónde está!
    Al ver que la morena no contestaba, Vilma no dudó ni un momento y la cogió por el pelo. Todos los presentes estaban más que sorprendidos y Estela no paraba de gritar sin saber por qué su amiga la estaba tratando así.
    ¡Para, para!
    ¡Que me contestes!
    Palomares y Ramiro, que habían presenciado toda la escena, corrieron (sí, Ramiro también corría) a separarlas. El primero cogió a Vilma y no sin dificultad consiguió que soltara a Estela. Esta se abrazó a Ramiro llorando, quien la había cubierto con una toalla.
    Palomares agarró suavemente a Vilma de la cintura y la llevó al otro lado del vestuario. La chica tenía la respiración agitada y apretaba los puños con rabia. Él se colocó frente a ella y la cogió de las manos por miedo a que se estuviese haciendo daño a sí misma.
    Vilma, cariño. ¿Estás bien? ¿Qué pasa?
    ¡Estela me ha robado! —Dicho esto enfocó su mirada en las duchas observando a Estela.
    ¿Que te ha robado? ¿Pero cómo sabes que ha sido ella?
    Porque lo sé. Es a la única a la que le había enseñado el medallón, y ahora ha desaparecido.
    Espera. ¿Has dicho un medallón?
    Sí, un medallón de oro. Llevaba una foto de mis padres dentro.
    ¿Y tenía una cadena bastante larga?
    ¿Cómo lo sabes?
    La cara de Palomares se puso seria, y pareciese que toda la rabia acumulada por Vilma segundos antes se hubiese transmitido a él a través de sus manos entrelazadas.
    Espérame aquí.
    El chico se dio la vuelta y con pasos bruscos se acercó a Ramiro, que todavía consolaba a una Estela con el pelo enmarañado. Cuando separó los labios escupió unas palabras que no salían de su boca con demasiada frecuencia.
    Eres un hijo de puta. —Tras eso le propinó un fuerte puñetazo en el ojo izquierdo.
    Se dio la vuelta, tomó a Vilma de la mano de nuevo y los dos salieron de los vestuarios sin decir una palabra. La chica sentía la necesidad de preguntar qué había pasado, pero por alguna extraña razón no lo hizo. Nunca había visto a Palomares actuar de esa forma, y pudo notar que se le marcaban las venas del brazo con el que no la tenía agarrada. Estaba enfadado de verdad.
    El cura llevó a Vilma hasta el camarote de los chicos y cerró la puerta. La sentó en su cama y se acercó al armario, y tras rebuscar en un cajón volvió donde estaba ella y depositó el medallón en sus manos. Vilma lo miró con ojos interrogantes mientras él se sentaba a su lado.
    Esta mañana he visto a Ramiro guardarlo. Me dijo que era una baratija que había heredado de su abuelo y que no valía mucho. No sé por qué te lo ha quitado. —Mientras hablaba, Palomares jugueteaba con la cruz que colgaba de su cuello.
    No lo entiendo. —Vilma lo miró a los ojos. —¿Por qué querría Ramiro robarme mi medallón?
    No puedo asegurarte nada, Vilma. —El tono de voz que utilizó preocupó a la chica. —Esta mañana he visto a Ramiro hablando con Gamboa, y no me fío. Prométeme que andarás con cuidado.
    Te lo prometo. —Vilma no sabía muy bien por qué, si era por el mal rato que acababa de pasar o por esas hormonas de embarazada que la pillaban desprevenida, pero la ternura que sintió al ver a Palomares tan preocupado por ella la impulsó a darle un beso en la mejilla.
    Los dos desviaron la mirada y enrojecieron al instante. Era el primer beso que compartían, aunque hubiese sido en la mejilla. A pesar de los besos que había compartido con Piti, Vilma se sintió más vulnerable que nunca tras este, porque no sólo había roto su escudo para besarlo sino que después había bajado la mirada y se había sonrojado. Demasiado expuesta al mundo. Para intentar calmarse abrió el medallón y contempló la fotografía de sus padres.
    Es muy bonito. —Le sorprendió lo cerca que había sonado la voz de Palomares, que se había inclinado sobre ella para ver mejor el objeto. —¿Los echas mucho de menos?
    Vilma no pudo contestar. Se le formó un nudo en la garganta y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Con un sollozo, cerró el medallón y lo apretó contra la palma de su mano. Palomares la rodeó con sus brazos y ella no pudo reprimirlo ni un segundo más. Rompió a llorar contra su pecho, descargando todas las lágrimas que no había llorado desde que fue consciente de que sus padres habían muerto.
    Yo también los echo mucho de menos.
    Y así, abrazados, dejaron salir todo lo que sentían. La rabia, el dolor, el miedo de sentirse solos en el mundo y se haber perdido lo que más querían. Pero a pesar de ello con el consuelo de que estaban vivos y la sangre todavía fluía por sus venas. Con el consuelo de saberse protegidos el uno por el otro.
    Y así, abrazados, los encontró Ulises más tarde. Dormidos y olvidando las pesadillas por una vez desde que habían embarcado en el Estrella Polar.
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  2. 2 comentarios:

    1. Débora dijo...

      Me encanta cuando le da a Ramiro!!! Toma leche!! Dale Pater dale, defiende a Vilma!!!

    2. Argen dijo...

      me encantaaa!! como Palomares defiende y protege a Vilma! un amor!!♥

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