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  1. Cuestión de fe. Capítulo 3

    martes, 8 de marzo de 2011

    La luz del sol entraba con fuerza por las pequeñas ventanas del silencioso camarote cuando Vilma despertó. Con los ojos aún cerrados, sentía la cabeza muy pesada, como si una densa niebla se hubiese introducido en ella. Se movió un poco, y rápidamente se dio cuenta de que aquella mañana no estaba sola en la cama: su cabeza se apoyaba contra algo más duro que su almohada y unos fuertes brazos la rodeaban. Abrió los ojos lentamente, casi con miedo de descubrir quién estaba a su lado, pero se tranquilizó al toparse con que la persona que la acompañaba era un todavía dormido Palomares. En ese momento todo lo que había pasado el día anterior impactó en su mente y no pudo evitar volver a cerrar los ojos. La visión de Piti y Estela besándose, su posterior promesa de cerrar su corazón, el consuelo de Andrés... Habían sido demasiadas emociones en un día y se sentía completamente agotada.
    Su cabeza estaba apoyada en el pecho de Palomares, cuya camiseta estaba algo húmeda a causa de sus lágrimas. Él no debía estar muy cómodo en esa posición porque Vilma ocupaba casi toda la cama mientras él estaba encogido en un lado. Vilma pensó en lo bueno que era. Desde que habían embarcado en el Estrella Polar se había preocupado mucho por ella y nunca la había dejado sola, siempre estaba allí para ayudarla cuando lo necesitase. Cuando lo conoció no hubiese imaginado que se convertiría en su mejor amigo. Lo cierto es que los sacerdotes solían ser algo cerrados de mente y bastante suyos, pero Andrés se había mostrado muy abierto, casi como cualquier joven de su edad. Sentirlo como su mejor amigo era algo natural para ella.
    Se revolvió un poco en la cama para ponerse más cómoda, y sintió los brazos de Palomares aferrarse con más fuerza a ella. Entonces él abrió los ojos poco a poco y su mirada se tornó sorprendida al descubrirla entre sus brazos, aunque como le había ocurrido a ella lo recordó todo de golpe y se relajó, mostrando una sonrisa. Pese a ello aflojó un poco su abrazo, levemente azorado.
    Buenos días.
    Buenos días, Andrés.
    ¿Cómo estás esta mañana? —La voz de Palomares sonaba un poco pastosa, y Vilma se dio cuenta de que él apenas había dormido. Se sintió culpable por ello.
    Siento como si un camión me hubiese pasado por encima.
    Palomares frunció el ceño, miró la posición en la que estaban, compartiendo una cama bastante pequeña, y creyó comprender.
    Perdona, no debería haberme quedado aquí toda la noche. Esta cama es bastante pequeña y no te he dejado dormir a gusto. —Comenzó a moverse con intenciones de levantarse, pero Vilma no lo dejó.
    No, no. No es eso. Simplemente ayer tuve un día agotador, y estoy segura de que si no hubieses estado aquí habría tenido una noche todavía peor. No podía quedarme sola.
    El chico se relajó y volvió a aumentar el agarre de sus brazos, bostezando. Pasaron unos minutos así, callados, simplemente sumidos en sus propios pensamientos. Al final fue Vilma la que rompió el silencio que se había instalado entre ellos.
    Gracias.
    Palomares movió la cabeza para mirarla a los ojos.
    No tienes que agradecerme nada, cariño. ¿Para algo están los amigos, no?
    Sí, pero nunca apetece pasar la noche sin poder moverte compartiendo una cama minúscula con una chica que te moja la camiseta con sus lágrimas. De verdad, gracias.
    Él sonrió y agitó la cabeza dando a entender que no pasaba nada. Vilma cerró los ojos y se acurrucó más junto a él, como si así estuviese más protegida de todo. El muro de acero macizo de su corazón seguía en pie después de que lo hubiese reforzado la noche anterior tras sus cavilaciones en el baño. No iba a dejar que ningún hombre volviese a hacerle daño, mucho menos Piti. No podía permitir que él, o incluso Estela, pensasen que se había derrumbado ante lo sucedido. Ella iba a ser la chica fuerte de siempre, la que iba con el escudo por delante para prevenir posibles tristezas, aunque eso no le permitiera recibir otras alegrías. Y ahora que iba a ser madre tenía que ser más fuerte que nunca.
    Pensando en todo esto se dio cuenta de algo que no se había planteado. Palomares, su mejo amigo, la había consolado y había pasado la noche con ella porque se lo había pedido, y sin embargo no le había preguntado nada, no había pedido ninguna explicación. Supuso que Piti le habría contado lo que había pasado, pero aun así le extrañó. Volvió a abrir los ojos dispuesta a descubrir por qué.
    Andrés...
    ¿Mmm? —El chico abrió los ojos, aunque se notaba que no estaba muy despierto aún.
    ¿No me vas a preguntar nada? —Palomares puso cara de no entender, y ella no lo creyó. En serio, ¿no podía no darse cuenta, verdad? Cuando vio que él seguía sin responder, sonrió y le habló directamente. —No me has preguntado qué ha pasado con Piti.
    Ah... Bueno, Piti me dijo algo, no mucho, pero algo. Y tampoco creía que fuese un dato muy relevante. No quiero presionarte para hablar de algo de lo que a lo mejor no quieres hablar.
    Andrés habló como si fuese algo lógico que no necesita explicación, y Vilma se dio cuenta de que para él de verdad lo era. Poco a poco estaba empezando a conocer cómo era, y cada vez que descubría algo nuevo de él se alegraba de haber subido a ese barco. Tres meses había sido tiempo suficiente para saber con quién merecía la pena estar compartiendo el fin del mundo, y Andrés era una de esas personas. Era, simplemente, un cacho de pan.
    Con energía renovada, o al menos intentando aparentarlo, se destapó de un golpe y se puso en pie. Estaba decidida a no hundirse. No necesitaba ningún corcho que la sostuviese en un naufragio porque ella sería su propio corcho, el que la sostendría a ella y a su futuro hijo. Y su plan para conseguirlo empezaba por mostrarse así y tirar para delante ella sola. No quedaba más tiempo para lágrimas. Sin embargo, a Palomares le extrañó el salto que pegó fuera de la cama.
    —¿Estás bien?
    Vilma rió ante la cara que puso.
    —Sí, tranquilo. Basta de lágrimas. Hoy me he levantado decidida a comerme el mundo. —Palomares se destapó haciendo amago de levantarse, pero Vilma lo volvió a empujar a la cama apoyando la mano en su pecho. —Y tú te vas a quedar durmiendo aquí un rato más, que sé que no has dormido nada por mi culpa.
    —Está bien, Señorita Rottenmeier...
    Vilma hizo un mohín, pero después se rió divertida. Subió a su cama de siempre, la litera de arriba, y tras coger el neceser de la estantería salió de la habitación dejando a Palomares en la cama. Sabía que iban a poner a prueba el nuevo muro de su corazón, pero no imaginaba que tan pronto cuando vio salir a Piti de su camarote. ¿Coincidencia? Ella estaba segura de que no. Era la primera prueba de fuego, así que ni se inmutó y al pasar al lado de él lo saludó como a cualquiera de sus amigos y siguió su camino hacia el baño. O eso pretendía, porque él la interceptó antes de que llegase a su destino.
    —Vilma, ¿estás bien?
    Ella se esforzó por plantar en su cara la mejor de sus sonrisas.
    —Claro, ¿por qué no iba a estarlo?
    Quería que todos la viesen bien. Que Piti la viese bien. Pero parecía que él lo entendió de otra forma, porque la cogió de la cintura y se acercó peligrosamente a ella...
    —Sabía que lo ibas a entender, eres una chica comprensiva.
    …y ella rápidamente apartó las manos de él y quitó la sonrisa de su cara.
    —Escucha, cerdo baboso. Entre tú y yo no hay nada, ¿vale? Me he dado cuenta de lo bien que estoy yo sola, y no necesito a nadie para salir adelante. Así que las manitas a otra parte.
    Tras esto le sonrió, levantó la cabeza muy dignamente y siguió su camino hacia el baño. Le había dejado las cosas claras a Piti, pero le conocía demasiado bien para saber que no se iba a quedar quieto. Se había liado con Estela, sí, y a saber desde cuándo (al pensar esto un nudo se le formó en la garganta, pero se esforzó por hacerlo desaparecer). Piti iba a seguir intentando que ella lo perdonase, estaba segura. Y una vez en la ducha, con el agua caliente relajando todos sus músculos, se esforzó por ahuyentar la sensación de que no iba a ser capaz de eludir a Piti siempre...
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  2. 1 comentarios:

    1. Syl dijo...

      Ay Dios mioooooooooo, pero como lo dejas asi?? nada de nadaaaaa, esperando el siguiente pero ya!!! Quiero saber que pasa con Vilma y Piti ahora :( Y adora al Pater!!

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