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  1. Cuestión de fe. Capítulo 4

    viernes, 18 de marzo de 2011



    Eran las nueve de la mañana y Palomares disfrutaba de las gotas de agua caliente que tanto relajaban sus músculos. Como cada dos días, por aquello de la restricción del agua, tomaba una ducha junto a sus dos compañeros de habitación antes de bajar a desayunar su galleta y su vaso de leche. Casi todos habían bajado de peso por la poca comida que les daban, excepto Vilma, a la que ya se le notaba su embarazo de veinte semanas. Todos los días alguno de sus amigos le cedía parte de su comida porque sabían que ella tenía que comer por dos. Precisamente en ese momento, en las duchas, estaban hablando de Vilma.
    Que os lo digo yo, la tengo en el bote. Un par de días más y me perdona.
    Ramiro y Palomares se miraron con cara de circunstancias. Todas las mañanas igual.
    Pero Piti, si llevas tres semanas diciendo lo mismo... —Ramiro salió de la ducha y se envolvió con una toalla mientras se dirigía hacia su taquilla.
    Que no, Ramiro, que esta vez sí, que lo sé yo. —Piti lo siguió y comenzó a echarse desodorante, mientras Palomares seguía bajo el agua disfrutando de sus últimos minutos de agua caliente. Prefería no entrar en la conversación que sus dos amigos estaban teniendo... Hacía tres semanas que Vilma había dejado a Piti, y él seguía obcecado con ella. Hasta que no lo perdonase no iba a parar.
    Anda venga, vamos a desayunar... —El cojo cerró su taquilla y miró a Piti, pero este no se movió.
    Vete tú, que... que yo me tengo que retocar la barba.
    Por la cara que puso Ramiro estaba claro que no le creía una palabra.
    Pero Piti si ya te la retocaste ayer...
    Bueno pero no me gusta cómo me la he dejado. Anda, venga, vete yendo que luego te quedas sin galleta por mi culpa y me vienes llorando. —Piti prácticamente lo empujó fuera del vestuario, pero el cojo prefirió pasar del tema e ir al comedor. Al fin y al cabo, no quería quedarse sin galleta.
    Cuando el agua caliente se acabó, Palomares salió de la ducha y se anudó a la cintura una toalla roja, mientras caminaba a abrir su taquilla para coger el desodorante. Piti se puso junto a él y cerró la taquilla de golpe para que le prestase atención, con una sonrisa en la cara.
    ¿Qué quieres Piti? —La voz de Palomares sonaba cansada; lo que menos le apetecía en ese momento era hablar con él..
    Padre, necesito su ayuda. Es mi última esperanza.
    Palomares se dio la vuelta y comenzó a vestirse. Una petición así viniendo de Piti no podría ser buena, pero se obligó a recordar que era su mejor amigo y que lo correcto era ayudarlo. Aunque fuese simplemente por caridad cristiana. Terminó de ponerse la ropa y se sentó en el banco que había en medio de los vestuarios
    A ver, cuéntame que te pasa anda.
    Piti sonrió y se apresuró a sentarse junto al cura antes de empezar a hablar.
    Necesito ayuda con Vilma. —La cara de Andrés cambió cuando entendió a qué se refería. —No pongas esa cara Palomares, te necesito de verdad. Eres el mejor amigo de Vilma, pasa mucho tiempo contigo y eres de los pocos en los que confía. ¡La conoces mejor que nadie! Me tienes que ayudar con esto.
    ¿Que te ayude, Piti? —Palomares se levantó de su asiento y su voz adquirió un tono de volumen mayor. —Le hiciste creer que te importaba de verdad, ella y su hijo, que ibas a estar ahí para cuando lo necesitara. Y mientras te liabas con Estela, mientras ella pensaba que la querías.
    Piti imitó su gesto y se puso en pie, hablando más alto de lo normal.
    ­—¡Y la quiero, Palomares! ¡La quiero! Soy un gilipollas, ¿vale? —El moreno se dio la vuelta y apoyó la frente contra la mampara de la ducha. Lo siguiente que dijo se escuchó casi como un susurro. —¿Nunca has cometido un error, Palomares?
    Andrés respiró hondo, y volvió a sentarse en el banco. Se había hecho a sí mismo esa pregunta muchas veces, pero desde hacía unas semanas se la hacía demasiado a menudo. Desde que se había dado cuenta de que estaba enamorado de Vilma. Piti volvió donde estaba él y se sentó de nuevo a su lado.
    La quiero de verdad, Palomares. Y sé que puedo hacerla feliz y cuidar de ella como nadie más lo podría hacer en este barco. Por eso tienes que ayudarme a recuperarla, porque sabes que tengo razón.
    El rubio sonrió irónicamente, pero se guardó sus palabras. Tal vez Piti estaba en lo cierto, y a pesar de haber cometido un error Vilma podría ser feliz con él. Su hijo necesitaría un padre, ¿y quién más podría serlo? ¿Él mismo? Seguía siendo sacerdote, y sabía que Vilma nunca se fijaría en él de ese modo. Quizás... Quizás debía ayudar a Piti. Tenía que hacerlo por el futuro de Vilma y de su bebé.
    ¿Qué quieres que haga? Has visto cómo te trata últimamente y no va a ser fácil, ya lo sabes. Es muy testaruda.
    Piti sonrió al ver cumplido su propósito y se frotó las manos impaciente.
    Necesito que hables con ella. Tú la conoces mejor que yo, y a ti te escucha. Tiene que haber algo que puedas decirle para que entre en razón.
    Bueno... —Palomares se rascó la cabeza. —Déjame pensarlo, a ver qué se me ocurre.
    El moreno se levantó de un salto y le plantó un beso a Palomares en la frente, mientras el pobre cura alucinaba con las reacciones que tenía su amigo.
    Gracias, Padre, ¡muchísimas gracias! Sabía que usted no me fallaría.
    Salió casi corriendo del vestuario, dejando a Palomares solo sentado en el banco. Ahora tenía que intentar que Vilma perdonase a Piti, lo que no iba a ser nada fácil...



    Al día siguiente todos estaban sentados en una mesa del comedor comiendo una pieza de fruta, la única que podrían tomar esa semana. Palomares estaba sentado al lado de Vilma comiendo una naranja, pero cuando llevaba la mitad paró, y le dio la otra media naranja a Vilma. Ella al principio la rechazó, pero tuvo que aceptarla con un gracias por la insistencia de él. Sabía que Andrés no pensaba comérsela de ninguna manera... Piti, que estaba sentado frente a ellos, no dudó en aprovechar la oportunidad para volver al ataque con su cometido.
    Vilma, yo soy tu media naranja. Si es que estamos hechos el uno para el otro, ¿eh?
    Vilma rodó los ojos ante su comentario y no dudó en contestarle.
    Ni media naranja ni medio pomelo, Piti. Déjalo ya, que no estamos juntos ni vamos a volver a estarlo, ¿lo entiendes? —Se levantó de su silla un poco enfadada y cogió de la mano a Palomares tirando de él. —Anda Andrés, vamos a cubierta que necesito un poco de sol.
    Él no dudó en seguirla; sabía perfectamente que era mejor hacer caso a Vilma cuando se enfadaba, y además lo hacía encantado. Los dos subieron por la escalera y salieron a cubierta, apoyándose en la barandilla mientras la brisa marina les alborotaba el pelo. Se quedaron así un rato, callados, mientras Vilma terminaba de comerse la media naranja que le había dado él. Palomares no podía dejar de pensar en la conversación que había tenido con Piti el día anterior. Tenía que ayudarlo a volver a conquistar a Vilma y no tenía ni idea de cómo hacerlo. Ella no se mostraba nada dispuesta a volver con él. Además, Palomares no era precisamente un experto en eso de conquistar chicas... Bastante valor le había echado cuando conoció a María y le pidió el teléfono.
    Estoy cansada de Piti. —La voz de Vilma sacó a Palomares de sus pensamientos. —¿Se piensa que puedo confiar en él después de lo que me hizo?
    Si todavía no se ha rendido a lo mejor es porque de verdad le importas, ¿no crees?
    Vilma lo miró muy serio, y no dijo nada. Andrés volvió a mirar hacia el horizonte. Quizás podría intentar hablar con ella. Piti le había hecho daño, sí, pero estaba seguro de que la quería. Vilma no había sido feliz desde que había cortado con él, y Palomares deseaba verla feliz ante todo, aunque fuese con Piti.
    Te quiere. Me lo ha dicho.
    La chica se giró para mirarlo, pero él siguió con la vista fija en el mar. No podía hablarle del amor de otro mirándola a los ojos.
    A mí también me dijo que me quería, y ya ves cómo lo demuestra.
    Sabes que si yo no lo creyera de verdad no te lo diría. Nunca te lanzaría a la boca del lobo, Vilma. ­—Notó que ella empezaba a llorar, y no pudo seguir sin mirarla. Ella se abrazó a Palomares.
    ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil? ¿Por qué no puedo dejar de preguntarme si debo perdonarlo?
    Él la separó de su pecho y la obligó a mirarlo a los ojos.
    ¿Le quieres?
    Vilma no contestó. Simplemente seguía mirándolo a los ojos, mientras lágrimas silenciosas resbalaban por sus mejillas. Palomares creyó entender en sus ojos que la respuesta era afirmativa, y aunque su corazón sangraba por ella no se lo pensó dos veces antes de hablar.
    Si le quieres ve a por él. No hay ninguna razón para que dos personas que se quieren no estén juntas.
    La chica volvió a abrazarlo, y él apoyó la barbilla sobre la cabeza de ella. Cuando Vilma dejó de llorar Andrés pudo escuchar su voz, aunque muy bajita.
    Creo que voy a darle otra oportunidad.
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  2. 1 comentarios:

    1. Argen dijo...

      Aiii no otra oportunidad a piti noooo!!! =( joo. Me acabo de leer los 4 capis y esta genial!!!

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