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  1. Cuestión de fe. Capítulo 5

    viernes, 25 de marzo de 2011


    Mientras caminaba hacia su camarote Vilma no podía dejar de pensar en la conversación que acababa de tener con Andrés y en la decisión que había tomado. Iba a darle otra oportunidad a Piti. Ahora mismo su cabeza era un torbellino de ideas y sentimientos girando a toda velocidad mientras todavía quedaban restos en sus mejillas de las lágrimas que había derramado. Palomares le había dicho que Piti la quería y estaba muy seguro de ello. Ella misma era consciente de que el rubio no iba a asegurarle algo así si no creía en ello a ciencia cierta, pero no podía evitar preguntarse si de verdad había tomado una decisión correcta. Palomares también le había preguntado a ella si quería a Piti, y había deducido que sí por su reacción... Pero ella no estaba tan segura.
    Hacía tres semanas el muro de piedra de su corazón estaba lleno de grietas provocadas por Piti, pero no había llegado a romperse. Estuvo a punto, pero entonces él lo fastidió todo... Ahora el muro de su corazón era de acero macizo y no iba a ser tan fácil sobrepasarlo. Lo quieres, pensó. Quieres a Piti. Sabía que no iba a ser nada fácil para ella pero se autoconvenció de que podría tener una relación sincera con él, que nunca más la fallaría. Piti aprendería de sus errores, y ella se dejaría querer y destruiría ese muro hasta que no quedasen ni los cimientos.
    Con este pensamiento en la cabeza llegó a su camarote, pero no alcanzó a entrar; lo que vio al abrir la puerta la dejó plantada en el sitio. Todo su camarote estaba repleto de velas. En las estanterías, en el suelo, en el escritorio. En cualquier sitio posible teniendo en cuenta que estaban en un barco. Y en el centro del camarote estaba Piti con una sonrisa. Ella siguió paralizada sin traspasar el umbral de la puerta, sin saber cómo reaccionar o qué decir. No se esperaba algo así, y menos en ese momento. Piti se acercó a ella, la cogió de las manos y la llevó al interior del camarote, cerrando la puerta después. Por su cara podía adivinarse lo que el chico estaba pensando... Que al menos ella no lo había mandado a la mierda. Era buena señal teniendo en cuenta cómo lo había tratado las últimas semanas.
    Con las manos aún sobre las suyas y mirándola a los ojos comenzó a hablar.
    Vilma... Sé que no tengo derecho a pedirte nada después de lo que te hice, pero sólo dame un momento para hablar. Si después quieres irte y dejarme aquí hazlo, pero déjame unos minutos por favor. Sólo unos pocos.
    Vilma tenía un nudo en la garganta y apenas podía aguantar las lágrimas. Todavía no se había recuperado de la conversación con Andrés y se encontraba con un Piti que había llenado su camarote de velas y que la miraba con una intensidad que incluso dolía. Se fijó en la cantidad de velas que había traído... No pensaba que pudiera haber tantas en un barco. Cada una era de una forma y tamaño distintos, como si hubiese estado recopilándolas de cada rincón posible de aquel buque. Sin duda Piti se estaba esforzando por ella, y eso acrecentó su intención de darle una oportunidad, así que asintió levemente en silencio sin soltarse de sus manos. Piti sonrió, y su voz no tembló ni un momento con lo que dijo a continuación.
    Vilma, yo siempre me he sentido muy solo. Con todo lo que pasó con mi hermano, con cómo afectó eso a mis padres... En casa nada era fácil, nunca hubo mimos o palmaditas en la espalda. Y yo quería demostrar que me daba igual, que era un chico duro que podía cuidar de mí mismo. Que al igual que yo no le importaba a nadie, nadie me importaba a mí. Y lo conseguí. Nunca me he sentido unido a nadie, nunca he querido a nadie. Hasta que subí a este barco. —En este punto Piti desvió la mirada unos segundos hacia el suelo, pero enseguida la volvió a fijar en las pupilas de Vilma. —Te quiero, Vilma. Eres la única persona que he querido en toda mi vida, tú y ese niño del que me siento ya padre. —El chico soltó una de sus manos para colocarla suavemente sobre su barriga. —Y si hice lo que hice fue porque quería seguir negándome a mí mismo que podía estar tan aferrado a alguien, pero ya no quiero hacerlo. Estoy enamorado de ti, Vilma, y nunca he estado tan orgulloso de algo en mi vida.
    El muro que rodeaba el corazón de Vilma se resintió con todo lo que Piti le acababa de decir. Nunca, jamás en toda su vida alguien le había mostrado sus sentimientos de esa forma, consiguiendo que de verdad se sintiese querida. Las lágrimas que había contenido durante esos minutos se abrieron paso por sus mejillas y un sollozo salió de su pecho. Piti no podía dejar de mirarla preocupado, sin entender muy bien qué significaba su reacción.
    Eh, cari... ¿estás bien? Ven, siéntate aquí... —Piti la llevó hacia su cama con cuidado de que no pisasen ninguna de las velas que había colocado y la ayudó a sentarse. Ella no dejaba de llorar sin decir nada. —Por favor, dime algo. ¿Estás bien?
    Vilma intentaba callar sus sollozos mientras su mente giraba a toda velocidad. Pensaba en todo lo que le había dicho Piti, en la soledad que sentía, en su hijo, en el muro de su corazón... Lo necesitaba. Su hijo no podía nacer ya huérfano, necesitaba un padre que cuidase de él, que le enseñase a jugar al fútbol y con el que pudiera hablar de la chica de la que se había enamorado. Y ella también necesitaba a alguien que la animase a tirar para adelante, que la sostuviese en medio de aquel naufragio que era su vida. Además, ella le quería, ¿no?
    Piti seguía aguardando una respuesta de ella, pero no se esperaba lo que ocurrió a continuación. Vilma se lanzó a sus labios, capturándolos con el beso más imperioso que había saboreado nunca. Enroscó los brazos en torno a su cuello, y Piti respondió inmediatamente al beso moviendo sus labios y cogiéndola de la cintura. Llevaban tres semanas sin tocarse pero por la urgencia con la que Vilma actuaba pareciese que habían pasado siglos. Las manos de él se movían por sus costados, colándose debajo de la camiseta y erizando el vello de la rubia, mientras sus lágrimas saladas se confundían entre la piel de uno y de otro.
    No era la primera vez que se tocaban así y habían llegado mucho más lejos en otras ocasiones, pero nunca había sido tan acelerado, tan pasional. Ella llevó sus manos a la espalda y cuando sintió que él rozaba sus clavículas, clavó sus uñas en la piel del chico. El corazón de Vilma latía de forma tan apresurada que podría tirar abajo todo su muro de un sólo golpe, pero aquella muralla seguía aguantando y aguantando. Piti abandonó sus labios para dejar besos por su cuello y comenzó a susurrarle palabras al oído, palabras con las que cualquier persona se hubiese derretido. Pero no ella. La urgencia lo estaba cubriendo todo, y su corazón no reaccionaba de la forma que había esperado. Ni una grieta, ni una sola grieta. Se separó de él de golpe, dejándolo con el rostro desconcertado, y entonces la verdad acudió a su cerebro como si siempre hubiese estado ahí, clara, brillando por sí misma. No estaba enamorada de él. Había confundido otra cosa, amistad, un cariño muy fuerte... con amor.
    Su descubrimiento cayó sobre ella como un balde de agua fría. La necesidad de depender de alguien la había confundido hasta tal punto que se había obligado a sí misma a querer a Piti, a enamorarse de él. Toda la angustia de aquellos meses abandonó su corazón permitiéndole respirar hondo, sintiéndose libre en cada uno de los poros de su piel. Miró a Piti, y supo que él necesitaba una explicación sincera sobre su extraño comportamiento.
    —No te quiero, Piti. No estoy enamorada de ti. —Al principio él pareció no entender, pero su cara fue mostrando paulatinamente el pensamiento de que ella hablaba en serio. —Acabo de darme cuenta... Llevo meses engañándome a mí misma y obligándome a sentir algo por ti, pero no he logrado quererte como tú quisieras. Lo siento.
    La chica rompió a llorar de nuevo abrumada por la verdad y tras unos segundos en silencio Piti la abrazó, sabiendo que para ella nada de esto había sido fácil.
    —Eh, venga, tranquila. Lo superaré. Sabes que esta tarde monto otra ronda de citas de diez minutos y me consigo una nueva churri.
    Vilma rió levemente y se separó de él para mirarlo a los ojos.
    —Pero una que te merezca, ¿eh? No cualquier potrilla.
    —Prometo que tendrás que aprobar mi elección.
    Vilma lo volvió a abrazar, siendo consciente de lo complicado que iba a ser este asunto para él y alegrándose de que al menos pudiesen seguir siendo amigos. Aunque no estuviese enamorada de él, Piti era una persona importante para ella, había tirado de su mano cuando lo necesitaba y no estaba dispuesta a perderlo. El chico le dio un beso en la cabeza y se levantó de la cama sonriendo para después desaparecer por la puerta del camarote, dejando a Vilma rodeada de velas, sintiéndose libre y con la acuciante necesidad de contarle todo al que se había convertido en un pilar de su vida. Andrés.


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