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  1. Sólo un abrazo

    viernes, 25 de marzo de 2011

    Estaba sentado en su cama mirándolos y viendo como ella había vuelto a reír, sonreía y hacía bromas, parecía feliz otra vez y eso era todo lo que a él le importaba, la felicidad de Vilma había llegado a importarle más que nada en este mundo, pero había caído en la cuenta tarde...y no sabía sí algún día podría perdonárselo a si mismo.
    Recordaba las palabras de uno de sus profesores del seminario: Un sacerdote Andrés sabe estar ahí para combatir el dolor ajeno, podemos ser muchas cosas pero lo primero que somos es una conexión entre Dios y el hombre, y estamos ahí para ofrecerles consuelo a todos, a todos.
    Sí, genial, y eso había intentado él, pero ¿y el dolor que él sentía? ¿Eso dónde quedaba? ¿Por eso quién se preocupaba? No dormía por las noches, no le apetecía comer, la mitad del día lo pasaba intentando no verlos, díficil porque vivían encerrados en un barco, y la otra mitad buscándola porque necesitaba verla. No sabía que le pasaba pero lo que si sabía es que no era bueno, y ahora Piti agarraba su mano...notó algo romperse dentro de él y también sintió ganas de pegarle, algo que rara vez había sentido; enfadado con Piti, con Vilma, pero sobretodo consigomismo se levantó y farfullando una despedida salió del camarote.
    --- ¿Y a Palomares que le pasa?
    --- Ni idea---le contestó Ramiro a Vilma---pero lleva unos días que no hay quien le mire para la cara.
    --- Con lo amable que es él siempre---comentó extrañada Estela. Vilma se encogio de hombros y miró a la puerta dolida, antes de plantar una sonrisa falsa en su cara y seguir con la conversación.

    Palomares había acabado en la cocina, no sabía porque, pero ya que estaba allí podía comer algo...y con suerte atragantarse y no tener que seguir viendo lo que veía todos los días. Al abrir la puerta se encontró a Valeria merendando con Sálome.
    --- Ui, perdonad, vengo más tarde.
    --- No sea tonto Padre, pase, que a nosotras no nos importa ¿a que no mi vida?--- Valeria negó con la cabeza mientras masticaba un poco de su bocadillo de nocilla y Palomares sonrió y se sentó.
    --- ¿Quiere comer algo Padre? No tiene usted muy buena cara...---Palomares iba a contestarle pero se escuchó un ruido seguido de los gritos de De la Cuadra y Salomé se levantó.
    --- A saber que le pasa a este hombre ahora...hágame un favor, quédese con la niña y sírvase lo que quiera, que yo vengo ahora. Palomares asintió y Sálome salió con toda la prisa de la cocina.
    --- ¿Quieres un poco de mi bocata?--- dijo Valeria alzando su bocadillo.
    --- No gracias, tu cómete ese que yo me hago otra cosa.---Palomares le sonrió a la niña y se levantó a buscar algo.
    --- Vale, pero si quieres nocilla a ti te dejo, es que el bote es mio y es solo para mi merienda, aunque a veces a Ainhoa le doy un poquito y bueno...a Burbuja.
    --- Muchas gracias Valeria, ¿pues sabes que? Que sí quiero un bocata de nocilla. Tu ya estás acabando el tuyo, ¿quieres más?---La niña asintió con la cabeza:
    --- Pero yo no puedo hacerlo, y si se lo pido a papi va a decir que ya me tome uno y que no puedo más. Pero es que era muy pequeñito...-Palomares rió ante la explicación de la niña.
    --- Pues vamos a hacer una cosa, como queda mucho para la cena y tu fuiste tan buena que me dejas comer de tu nocilla, yo te hago el bocadillo ¿vale? Y es un secreto entre los dos ¿te parece?---Valeria extendio la mano y dijo convencida:
    --- Trato.
    ---Trato---repitió Palomares riendo y tomando la mano de la niña. La verdad es que estar con ella
    estaba haciendo mejorar su humor, llevaba tres días contestando mal, casi sin hablar, y eso no era lo típico en él, de hecho no debía ser así, era sacerdote, se le presuponía otro carácter y otra manera de actuar.
    --- Estás triste---la voz de Valeria interrumpio sus pensamientos--- cuando Ainhoa me pide nocilla está triste, porque mamá no la deja salir, bueno eso antes, o porque un niño no le hace caso o porque dice que la necesita --- Palomares volvio a sonreír ante la inocencia de la niña y se sentó a su lado dándole su segundo bocadillo.
    --- Pero yo no estoy triste, solo tenía hambre y mi mamá siempre me hacía bocadillos de estos cuando era pequeño, por eso me apetecía.
    --- Pero estás triste, tienes cara de estar triste, yo cuando estoy triste voy junto a papá, o Ainhoa o la tía Salomé, me dan un abrazo especial y dejo de estar triste. Al menos un poquito. ¿Tu no tienes nadie para darte un abrazo de esos?
    --- No---Palomares negó con la cabeza pensado como una niña podía llegarle de tal manera--- yo no tengo a nadie, pero bueno tengo a Dios.
    --- Pero Dios no da abrazos Palomares ¿o sí?
    --- No Valeria, Dios no da abrazos, no puede...--- Vale, la niña tenía 5 años y le estaba dando donde más le dolía, eso era lo que quería él, un abrazo, pero más que recibirlo quería darlo, quería abrazarla y decirle que todo iría bien, que él estaba ahí para ella pasase lo que pasase, que aunque hubiesen discutido nada cambiaba, le había dicho en un primer momento que el sería su San José y no era un puesto al que quisiese renunciar, pero no era su decisión...había dudado y alguien le había pasado por delante, alguien que la había puesto a ella como prioridad, alguien a quien ahora mismo envidiaba con todas sus fuerzas, y él no debía sentir envidia...pero había tantas cosas que no debería sentir--- levantó los ojos y se encontró con que Valeria se había levantado de la silla. La niña dejó el bocadillo en la mesa y decidida lo abrazó como pudo desde el suelo.
    --- Pues si Dios no puede te lo doy yo, y seguro que Vilma, o Piti o mi hermana te dan un abrazo si les dices que estás triste, también son amigos tuyos --- La ternura de la niña fue más fuerte que él, le devolvió el abrazo a la pequeña y la levantó, se tragó las lágrimas y se puso en pie, una vez que se levantó empezó a jugar con ella haciendola volar como si se tratase de un avión, Valeria reía encantada y empezó a hablar como si fuese el piloto. Estaban a punto de aterrizar en la encimera cuando Salomé volvió:
    --- Se va una un minuto y lo que se pierde...--- Palomares enrojeció pero Valeria no le dio oportunidad de decir nada:
    --- Palomares, vengaaaa, que ibamos a aterrizar--- el cura reaccionó y acabó la maniobra dejando la pequeña sentada y bajándola luego al suelo --- Palomares, mola mucho jugar contigo --- le dijo volviendo a coger su bocadillo para acabárselo.
    --- Venga señorita, a acabar de merendar junto a papá, que estaba preguntando por ti--- la niña rió al darle Salomé una palmada en el culo y salió de la cocina.
    --- Que buena mano tiene usted con los niños Padre, pena que no entren en sus planes--- Andrés sintió su estómago comprimirse ante el comentario bienintencionado de Salomé, antes de que le diese tiempo a contestar la puerta de la cocina se abrió de golpe y apareció Valeria de nuevo cogida de la mano de Vilma y gritando emocionada:

    --- ¡Palomares! Mira, Vilma también venía a la cocina, venga, venga, pídeselo.
    --- ¿Qué pasa?--- preguntó Vilma confundida, había encontrado a la niña cuando iba a la cocina y la pequeña se había puesto a tirar de ella emocionada --- ¿Qué me vais a pedir?
    Andrés no sabía donde meterse, y se dedicó a darle vueltas a su bocadillo; Vilma tampoco sabía que hacer, no habían vuelto a hablar desde se discusión hace tres días y no sabía que decirle; se había enfadado con él porque no sabía entenderla, pero en el fondo sabía que estaba enfadada con el mundo porque la situación se le había hecho demasiado grande; y ahora que era capaz de mirar en el verdadero fondo del asunto sabía porque estaba enfadada, porque él no podía ayudarla como ella quería, pero eso no era culpa de ninguno de los dos, pero no sabía como pedirle perdon, cada vez que se acordaba de lo que había dicho: No pienso ser tu puñetera Virgen María...ella si que sabía elegir las frases...
    --- Palomares necesita un abrazo y tu eres su amiga, así que dale uno--- la niña intentaba empujar a Vilma como podía pero sus fuerzas no daban para mucho. Salomé miraba la escena sabiendo que debería interrumpir y sacar de allí a Valeria, pero esos dos tenían que hablar y la única que lo había conseguido era la niña, así que esperó.
    --- ¿Que necesita un abrazo?--- preguntó Vilma, sería más fácil preguntarle a él que a Valeria pero ahora mismo no pensaba con claridad.
    --- Sí, echa de menos a su mamá--- Valeria dio la versión que ella había entendido de lo que pasaba---Vengaa, eres su amiga --- Vilma caminó hasta donde él estaba e indecisa lo rodeó con sus brazos, el se agachó para devolvérselo aún más inseguro que ella, en ese momento la cocinera cogió a la niña de la mano y dejaron la cocina. Estar tan cerca de él y ver sus ojo húmedos le dió a Vilma la fuerza para hablar:
    --- Lo siento mucho Andrés--- por fin consiguió pronunciar las palabras y lo abrazó de verdad, él respondió al abrazo y se quedaron allí de pie, abrazados y sin decir nada, Vilma estaba de puntillas para llegarle por completo y Andrés se inclinó para que le resultase más cómodo pero ella mantuvo su agarre firme; no les hizo falta más, ese abrazo eran lo que los dos necesitaban; pasaron un par de minutos antes de que él fuese capaz de apartarse:
    --- No pasa nada, si tenías razón...
    --- No, no--- lo interrumpió ella--- me pase un huevo...
    --- No--- la cortó él--- tenías mucha presión encima y yo...
    --- Que no, que fui yo...--- él se echó a reír y ella lo acompañó--- parecemos idiotas.
    --- Pues un poco la verdad--- la estrechó otra vez entre sus brazos mientras ella reíay la soltó--- ¿amigos?
    --- Solo si nos das un poco de ese bocadillo--- le contestó risueña--- Oh Dios mio...¿es nocilla?--- Palomares se echó a reir ante su reacción y mientras se sentaba partió el bocadillo y le dio a ella el trozo más grande.
    --- Todo vuestro, que tiene que crecer hasta estar bien sanote.
    Ella apretó su mano antes de empezar a devorar su parte de la merienda, se quedaron en la cocina hablando durante un buen rato, los dos más relajados y tranquilos al saber que habían recuperado al otro, dándole gracias a Valeria por haberlos obligado a compartir ese abrazo que lo había solucionado todo y sin saberlo los dos pensaron lo mismo: pase lo que pase y sea como sea siempre estaré a su lado.
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