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  1. Pequeños detalles

    jueves, 28 de abril de 2011

    4 horas...4 horas para salvar a aquella gente y para responder a un montón de incógnitas, tan solo 4 horas, realmente eso que decían de que la vida puede cambiarte en un segundo era verdad, ¿cómo la vida de varias personas podía arriegarse en 4 horas? Aunque claro, si lo pensaba la vida de casi toda la humanidad se había acabado en menos de un segundo, y es la cosa más pequeña podía tener un efecto asombroso de la manera menos esperada. Una partícula, una mirada, un beso, una pajarita de papel...
    Vilma metió la mano en el bolsillo de nuevo y sacó de allí la pajarita, eran de Palomares, jamás lo habría pensando, no por nada, simplemente pensaba que un gesto como ese no vendría de parte de su amigo el cura; aunque era su mismo amigo cura que robaba leche para ella, su mismo amigo cura que le hacía ecografías, su mismo amigo cura que la había besado, su mismo amigo cura que había apostado el sacerdocio por ella, su mismo amigo cura que le había dicho que dudaba de si mismo por haberla besado, su mismo amigo cura que había acabado diciéndole que solo lo hacía porque le gustaba cuando sonreía...bien pensando debería haber pensado en la posibilidad de que fuesen suyas; pero es a nadie en su sano juicio lo pensaría, no era un pensamiento lógico, aunque claro...¿qué tiene que ver el amor con la lógica? El amor no te deja pensar, el amor hace que actues, que te lances, te hace hacer cosas absurdas, como apostarte la paternidad de un niño o alguna gilipollez semejante...
    Tenía un lío de pensamientos en la cabeza y no sabía por donde empezar a desentrañarlo, Piti se le había declarado "porque te quiero...coño" ,sonrió al recordar la frase, y acto seguio descubrió que las pajaritas no eran suyas; la había descolocado, todo lo que habían pasado juntos parecía estarlos llevando al principio de algo: se había ofrecido como padre del niño, se había preocupado por ella, la bañera, el hecho de que ya no lo pusiesen otras chicas...todo había ido acúmulandose y con el descubrimiento de las pajaritas ella había razonado como parecía lógico: eran suyas, era su manera de ir acercándose a ella y se había dado a si misma el consejo que le había dado en su día a Estela: los tíos tienen sus reglas. Si las pajaritas eran sus reglas ella las seguiría hasta ver donde llegaban; y es que realmente la habían emocionado, que alguien se molestase en hacer algo así por ella, nunca le había pasado y ese día ya había abierto los libros y la taquilla emocionada, esperando que otra pajarita cayese en sus manos; siempre iguales, siempre con la misma frase y siempre conseguían su propósito, porque conseguían hacerla sonreír, cada una de aquellas pajaritas le había arrancado una sonrisa. Pensaba que eran de Piti y no lo eran pero todavía sonreía al verlas.
    Y de pronto descubría que eran de Palomares, no porque él se lo dijese ni mucho menos, porque lo veía en su libreta, sonrió de nuevo al recordar las páginas ya escritas, medio preparadas ya y lo que le había dicho...estaba nervioso, le había costado hablarle y se había ido de allí como se había ido esa mañana tras haberla besado; ¿un beso tonto e inocente? Su cara y su explicación le habían dejado claro que no, y ahora lo sabía seguro, no había sido un beso tonto e inocente, la había besado porque quería, porque lo sentía, porque le había salido sin evitarlo y ahora dudaba de si mismo...

    La que estaba dudando ahora era ella, puede que no le hubiese dicho que la quería pero tampoco podía pedírselo, bastantes cosas había hecho por ella aquellos días, y tampoco le hacía falta que se lo dijese, esa frase había sido más que suficiente, suficiente para tambalearle todo lo que ella tenía claro. Y estaba Piti...Piti que sí le había dicho que la quería, muy a su manera, la única que ella había querido que se lo dijese, la que había pensando que haría que su corazón pegase un bote; llevaba días esperándolo, desde que se había ofrecido como padre de su niño y le había mostrado su verdadera cara no podía negar que le gustaba, que se había ido haciendo un hueco en su corazón, muchas veces metía la pata, pero su manera de arreglarlo siempre merecía la pena, y desde que las pajaritas habían empezado a llegar no había podido evitar emocionarse y esperar a que diese el paso de verdad. Se la estaba ganando del todo, él que era el prototipo de tío del que prefería huir como de la peste, estaba consiguiendo abrirse camino hasta a ella, después del beso que ella le había dado habían empezado a llegarle y pensó que aquello lo había hecho arrancar, lento pero seguro, de tapadillo pero sabiendo lo que hacía, que poco a poco había ido a por ella, pero ahora le habían dado la vuelta y entre los dos habían conseguido que tuviese un lío de narices en la cabeza.
    Uno la besaba en un arrebato, le mandaba notas románticas porque le gustaba cuando ella sonreía y dudaba de su vocación por ella, y el otro se le declaraba, se disculpaba por todos los errores cometidos y le decía que desde el tercer día o el cuarto se había enamorado...y los dos se jugaban la paternidad de su hijo a los dados... definitivamente no sabía que pensar, ni que hacer, ni que sentía, ni que quería, ni nada, lo único que tenía claro es que quería algo dulce, pero eso no iba a ayudarla con lo que realmente importaba.
    Tenía que descansar, eso era lo que tenía que hacer, el Capitán los había mandado a todos a descansar un rato ya que hasta dentro de una hora no llegarían a las coordenadas que el comandante les había dado y ella iba camino de su camarote para echarse un rato ya que aquella noche tardarían en dormir, pero su cabeza no dejaba de dar vueltas, siempre había pensado que sería Piti por el que acabaría sintiendo algo, era lo lógico, pero ya había deshechado la lógica como factor a tener en cuenta. Siempre se había imaginado que llegaría a formar una familia con él, pero es que Palomares nunca había sido una opción, hasta ahora; ahora que le saltaba con que le gustaba cuando ella sonreía, ahora que le decía que ,lo que para ella había sido el beso más dulce que le habían dado nunca, lo hacía dudar no de Dios, sino de si mismo, ahora que se molestaba en intentarla hacer sonreír cada día...¿realmente unas simples pajaritas de papel podían afectarla tanto?
    Ella se imaginaba con Piti, se veía con Piti, un simple trocito de papel no podía hacerla cambiar de idea, si hubiesen sido de Piti habría sido el detalle que lo habría coronado, pero ya habría otros, que fuesen de Palomares debería enternecerla sí, pero nada más, debería sentirse honrrada de que un chico como él hubiese hecho algo así por ella, contenta con su razonamiento llegó a su habitación y el alma se le fue a los pies cuando se fijó en su cama, estaba tal y como ella la había dejado, la colcha estirada y una manta doblada a los pies porque ultimamente tenía más frío por la noche, nada más, no había ninguna pajarita de papel apoyada en su almohada como las tres noches anteriores, y sin saber muy bien porque sintió ganas de llorar.
    Realmente no podía esperar que fuese a dejarle una como cada noche después de la última conversación que habían tenido, era impensable, con lo nervioso que se había puesto...le temblaban hasta las manos, y cuando lo miraba veía que seguía nervioso; no podía pretender que en medio de todo aquello, a tres horas de encontrarse con vete a saber lo que, después de haberle dicho lo que le había dicho y sabiendo que Piti se le había declarado, fuese a su habitación a dejarle una pajarita de papel; ya le había dicho todo lo que le tenía que decir y era normal que la verguenza no lo dejase actuar aunque a ella se le viniese todo encima al no verla allí como cada noche...pero era normal, bastante problemas tenían en el barco y él consigomismo y sus dudas como para hacer frente a su verguenza y acordarse de ella, además él no sabía hasta que punto la emociobaba encontrárselas, no sabía que por él había llegado a gritar "El romanticismo no ha muerto". Ahora debería centrarse en otras cosas, ya tendría tiempo de pensar en aquello, en Palomares, en Piti, en todo...se tumbó y se echó la manta por encima sin abrir la cama y al meter la mano bajo la almohada dio con algo, se sentó y sacó lo que había allí debajo, un chupa-chups y una magdalena.
    Sabía quien era la única persona que a estas alturas tenía dulces, la misma que llevaba días dejándole pajaritas en ese mismo sitio, la misma que había ganado a los dados esa comida, la misma que había ganado también a los dados la paternidad de su hijo...la paternidad de su hijo...eso era algo que solo ella podía decidir, así como solo su corazón podía tomar la decisión que se había puesto en su camino y sorprendentemente sabía la respuesta, era el mismo nombre en los dos casos, repentino y de golpe, como ella siempre había defendido que llegaba el amor, sin preparlo, sin pretenderlo, sin querer...se había enamorado del chico tímido que le mandaba pajaritas porque le gustaba verla sonreír, del que se ofrecía como padre suplente, del que le hacía ecografías, del que se jugaba todo por ella, del que la sujetaba de la mano prometiendole que no la soltaría, del que robaba leche para dársela, del que le decía las cosas como podía porque un solo beso lo había hecho dudar, se había enamorado de Andrés.
    Iba a ser díficil, iba a llevar tiempo, pero lo tenía claro, se levantó de la cama y cogió todas sus pajaritas y las llevó al escritorio, iba a hacerse caso una vez más y seguir sus reglas, aunque iba a costarle algo de trabajo...

    Cuando todos volvieron a reunirse en el comedor Vilma pasó al lado de Palomares dejó algo en su mano y siguió andando hasta ponerse al lado de Ainhoa, él abrió la mano extrañado y se encontró con una pajarita de papel, no estaba muy bien hecha y se notaba que habían tenido que rehacerla en varias ocasiones pero le daba igual, llevaba una carita sonriente dibujada y debajo de ella ponía "Por ti sonrio", miró a Vilma y fue él quien sonrió, ella le devolvió la sonrisa y se sentó encima de la mesa.
    Tenían mucho que hablar, y no solo tenía que hablar con él, también con Piti que por encima de todo era su amigo, su hermano, ahora sí lo sabía a ciencia cierta, pero al menos ya había dado el primer paso siguiendo los de él, ahora le había devuelto la pajarita para que supiese que ella sentía lo mismo, no sabía que vendría después, quizás besarlo en mitad del comedor para celebrar algo, quizás se le adelantaría él y la sorprendería de nuevo, no lo sabía, pero tenían tiempo y sabía lo que quería, a él y sus pequeños detalles, como la mirada que ahora le estaba dirigiendo, definitivamente sí, los pequeños detalles podían lograr milagros.
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